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El primer milagro de 2017 – un día sin lágrimas

El miércoles 11 de enero de 2017 en El Salvador ocurrió una de esas cosas que, para un país como el nuestro, es un milagro. Este milagro tiene nombre y apellido, hay que agradecerlo.
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El miércoles 11 de enero, por primera vez en 2 años, grupos criminales, policías, grupos de exterminio e individuos con armas, decidieron abstenerse de usarlas. Por primera vez en 2 años, ningún salvadoreño fue asesinado. Pasó casi desapercibido, porque que nuestro refugio ha sido el sueño, y después de una larga y tenebrosa noche, nos cuesta abrir los ojos. Nos duele y cuesta ver la luz.

Como ciudadana quiero agradecerles a los policías, a los militares, a los jóvenes de las pandillas, a los que han decidido unirse a un grupo de exterminio animados por la ira de un país tan injusto y tan impune, a todos aquellos que tienen un arma y deseos de usarla: Gracias por no dejarse manipular por la violencia.

Nuestras tienen madres derecho a vernos crecer, nuestros hijos a gozar de nuestro amor, nuestros hermanos a sentir nuestro apoyo, y nosotros mismos a vivir en un país que, a pesar de todo, nos es fuente de orgullo.

Quiero felicitarlos por haber rechazado a la violencia, al menos por un día. Gracias a ustedes cientos de madres, padres, hermanos e hijos, el 11 de enero no tuvieron a nadie a quien llorar. Agradecerles porque demostraron ser capaces de actuar sin desprecio a la vida. Un día en que quizás comprendieron que detrás de las letras, de los números, de los uniformes oficiales, somos hombres y mujeres de carne y hueso, con madrecitas que sufren, que todos compartimos los mismos sueños y también los mismos retos y que el verdadero enemigo no somos nosotros mismos, sino la violencia que nos denigra a diario.

Cualquier cobarde con un arma intimida, pero el verdadero valiente es aquel que se para desnudo ante el mundo con nada más que su conciencia, su honor y palabra. La verdadera autoridad no necesita de balas. El verdadero honor no se defiende a palos.

Hermanos salvadoreños, la violencia humilla a quien la ejerce, nace del miedo, y nosotros no somos un pueblo de humillados. Los salvadoreños no le tememos a la muerte, le tememos a la humillación. Pero, ¿acaso no humilla tener que esconderse detrás de un arma? ¿De un uniforme? ¿De unos números o letras? Hermanos, el verdadero reto es amar y reconocer nuestra dignidad intrínseca, esa no la da nadie, ni un arma, ni un grupo, ni un uniforme. Esa solo la podemos cultivar nosotros mismos, practicando el respeto y el amor. La verdadera valentía es atrevernos a vernos reflejados en el otro, por quien corre la misma sangre.

Por eso, como ciudadana me comprometo a no pedir venganza, porque incluso aquellos sin armas hemos sido partícipes de la muerte al pedir que se sigan matando.

Los ciudadanos que creemos en la vida y en la paz rechazamos a un gobierno y líderes tan empequeñecidos que no ven más solución que la cobardía de las armas.

Policías, jóvenes en pandillas, y militares valientes, a todo aquel que el 11 de enero se abstuvo de apretar el gatillo: Gracias.

Tags:

  • pandillas
  • asesinatos
  • violencia
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