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El principal efecto estructural de la elección que acaba de darse es el cambio del mapa político del país

Que la gestión gubernamental por venir entre desde el primer instante con la convicción y con la voluntad de servirle al bien común de manera seria, sensata y consistente.

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Lo que se venía anunciando en el ambiente a consecuencia de señales cada vez más elocuentes sobre lo que se estaba gestando en el ánimo ciudadano, en relación con los comportamientos institucionales y partidarios, tuvo un momento de dramática concreción en la jornada electoral del domingo 3 de febrero. Eso era previsible, sobre todo a partir del mensaje contundente que recibiera el FMLN en los comicios legislativos y municipales del 4 de marzo de 2018; pero dicho mensaje, que era en verdad dirigido a todos los entes partidarios establecidos, se dejó de lado de cara a la prueba electoral que acaba de concluir; y los resultados de dicha sordera injustificable están hoy a la vista.

En unas cuantas horas, el mapa político nacional dio un giro que para muchos fue inesperado, pero que en gran medida era previsible, sobre todo porque los liderazgos partidarios estuvieron negándose a reconocer el fenómeno en marcha con la oportunidad debida. La ciudadanía venía reclamando cambios no sólo de estrategias partidarias particulares sino también, y muy elocuentemente, de rumbo para el país. Como hemos venido subrayando sistemáticamente, en diversas encuestas de opinión los ciudadanos se han pronunciado por la necesidad de entrar en un rumbo correcto, y hoy ya no puede ocultarse el hecho de que tal petición abarca todos los órdenes nacionales.

Puestos ante una perspectiva tan cargada de desafíos y de incertidumbres, lo que todos debemos demandar sin reservas ni evasivas es que el esquema partidario se renueve de veras, a fondo y cuanto antes; que la gestión gubernamental por venir entre desde el primer instante con la convicción y con la voluntad de servirle al bien común de manera seria, sensata y consistente; que la institucionalidad sea respetada en sus bases estructurales, para que ganemos en estabilidad y nos beneficiemos todos del trabajo bien hecho; que se potencie la armonía social, se fortalezca la interacción entre sectores y grupos nacionales, se consoliden las bases de la democracia para evitar distorsiones de cualquier índole y se abran sin quiebres y sin obstáculos las rutas del desarrollo. La Administración que tomará posesión el 1 de junio debe asumir toda esa tarea desde el primer instante.

El mapa político está teniendo una reconversión que responde a los imperativos y a las aspiraciones de los tiempos actuales. Todos los liderazgos institucionales tienen que hacerse cargo de dicha misión, que es renovadora por excelencia. Ya no estamos en el momento de las simpatías superficiales, sino en la hora de los compromisos relevantes, y eso es lo que mostró el electorado en las urnas el pasado domingo, más allá de la decisión en sí.

Hay que superar de inmediato toda sordera desorientadora, porque lo que más se impone en estos momentos es abrirse a los signos y a los llamados que van surgiendo del fenómeno real. Entendamos que vamos ubicándonos en un nuevo mapa político, que si bien es producto de la misma evolución en la que venimos inmersos desde hace ya largo tiempo presenta novedades que requieren tratamientos que conduzcan a salidas concretas y soluciones auténticas.

Tags:

  • mapa político
  • liderazgos
  • ciudadanía
  • gestión gubernamental
  • compromisos

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