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El problema de tráfico, ¿prueba superada?

Por supuesto que no. Aunque la noticia no ocupa las primeras páginas o menciones en los medios de comunicación social por su ocurrencia o dramatismo, el problema está allí, subyace en el fondo de la vida diaria de la gran ciudad.
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Si las condiciones que dieron origen a los altos índices de accidentes, lesionados y fallecidos siguen siendo las mismas, los resultados son iguales, siguen siendo alto el número de accidentes, lesionados y fallecidos; claro que no se ven, pero eso no significa que no son una realidad.

Las condicionantes siguen siendo las mismas: Altos niveles de saturación en las calles del Gran San Salvador, sin perspectivas de ampliar o construir nuevas rutas por lo difícil de la gestión de espacios y fondos, aunque se haya avanzado bastante en el mejoramiento de vías.

Señalización inadecuada de algunas zonas, abundancia de túmulos, zonas bloqueadas al paso de transeúntes o vehículos, semáforos inadecuados o inexistentes que ralentizan el tráfico.

Saturación desmedida de vehículos circulando, cerca de un millón en el país: buses, vehículos personales y comerciales, motos, bicicletas, mototaxis; muchos en malas condiciones que perjudican la vida de las calles y el medio ambiente. Es decir un harto problema vial, real y actual.

Desde la perspectiva humana el asunto es más profundo, por cuanto está íntimamente ligado a otras condicionantes sociales relacionadas con la pobreza material y cultural, con los derechos de los peatones, con la corrupción y la violencia omnipresente en el transito diario de las personas, especialmente la de menos ingresos económicos que tienen que usar transporte público.

La contaminación del medio ambiente con el ruido y los residuos de monóxido de carbono que enrarecen el aire y producen enfermedades es una condicionante que está llegando a puntos explosivos. Los alimentos que están en las ventas, estacionarias o ambulantes, es un peligro para la salud.

Sin embargo, parece ser que hay una solución que puede parecer un poco ilusoria, si se le ve desde los intereses particulares y de grupo: el metro.

México por ejemplo tiene desde hace muchas décadas un sistema que atraviesa la capital desde sus cuatro rumbos y que le da una gran movilidad a millones de personas y es un país sísmico como el nuestro, Panamá acaba de iniciar un esfuerzo en ese sentido. ¿Y qué de nosotros?

Ya lo planteó hace algunos años un alcalde de San Salvador, pero al parecer los dueños de buses se opusieron al sistema porque perjudicaba su negocio, aunque les prometieron que vendieran sus unidades y se incorporaran para la construcción y puesta en marcha de un tren que cruzara el Gran San Salvador: Desde Sitio del Niño en La Libertad hasta San Martín y desde Apopa hasta San Marcos. Claro que con el tiempo se puede ir extendiendo como por ejemplo hacia el puerto de La Libertad.

Estas vías serían alimentadas por rutas internas para que trajeran y llevaran a la población o donde se pueda contar con espacios para aparcar los vehículos que se retomarían en ese punto, fuera de las áreas críticas de la capital, quedando las vías en su mayoría con menos carga vehicular.

Esta medida descongestionaría el centro histórico de la capital, purificaría el medio ambiente y permite un mayor control de la seguridad de los pasajeros.

Es necesario dar un paso hacia la modernidad por el bien de la población; así podríamos igual que otros países más desarrollados tener un transporte adecuado, rápido, con menor costo y más amigable con el medio ambiente y sin estimular la agresividad que llevamos dentro.

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