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El problema del narcotráfico requiere mucho más que un acuerdo de ocasión

Todos los países envueltos en la problemática tienen que hacer lo suyo para lidiar satisfactoriamente con los respectivos desafíos y, en consecuencia, con la problemática en general.
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La 43ª Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA) concluyó en Antigua Guatemala sin que hubiera ningún acuerdo definitivo sobre el tema de las drogas, que es por hoy uno de los flagelos más acuciantes en el Continente. Se vienen discutiendo diversas propuestas al respecto, incluyendo algunas tan polémicas como la legalización del consumo, que son producto más de la desesperación por encontrarle salidas a una problemática de esta magnitud y de esta complejidad que del análisis realista y consecuente. La cuestión repercute aun en foros tan tradicionales como la OEA; pero, desde luego, no era de esperarse que surgieran líneas básicas de acción de un encuentro como el que acaba de concluir.

El Secretario General del Organismo hemisférico ha manifestado, con razón, que las drogas, su producción, su tráfico y su consumo, generan diversos efectos en los distintos países de nuestra zona geográfica, y por consiguiente es muy dificultoso encontrar estrategias comunes de lucha; sin embargo, hay que ir generando líneas de acción concordantes, de tal manera que este gravísimo problema transversal puede ir siendo controlado y eliminado progresivamente. Este debe ser el objetivo principal de la reflexión compartida, en función de la tarea que inevitablemente tiene que ser común. En asuntos como éste nadie puede sentirse habilitado para permanecer al margen.

Lo primero por aclarar y asumir es que se trata de un reto multifacético, que no puede tener soluciones simples o unilaterales. Todos los países envueltos en la problemática tienen que hacer lo suyo para lidiar satisfactoriamente con los respectivos desafíos y, en consecuencia, con la problemática en general. A los países productores les corresponden sus propias responsabilidades; los que estamos en la ruta de tránsito tenemos las nuestras; y el principal destino del consumo, que es Estados Unidos, tiene su tarea específica, pues le toca encarar no sólo el consumo sino la distribución interna, que de seguro genera inmensas ganancias ilícitas.

Todos debemos estar conscientes de que la lucha es contra una fuerza ilegal de proporciones gigantescas. El crimen organizado transregional, que tiene en el narcotráfico una de sus fuentes de ingresos más productivas, ha puesto en práctica la habilidad y la capacidad suficientes para poner en jaque a las institucionalidades de todos nuestros países, Estados Unidos en cuenta. Por su parte, la OEA se propone, de aquí a 2016, contar con un esquema completo para enfrentar este gran desafío regional, de tal manera que las soluciones comiencen a verse en 2020. Esto, entonces, hay que trabajarlo de inmediato, porque el encargo solucionador es tanto o más complicado que el problema en sí. Recuérdese que hoy el narcotráfico es una industria y un comercio que mueven cantidades incalculables de dinero, que se filtran en todos los niveles, aun en los más altos en los distintos países.

El debate continúa, y no hay que permitir que se interrumpa. Las consecuencias del accionar de la delincuencia organizada son crecientes y erosionadoras al máximo. Lo fundamental es que todos los países envueltos en esta problemática tomen el rol que les corresponde. Hacia eso debería dirigirse la visión y la acción de un organismo como la OEA, que, por su carácter regional, reúne a todos los involucrados en su seno. Ojalá que en el tiempo que sigue se pueda hacer la labor analítica y programática que las circunstancias demandan.

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  • Organizacion de Estados Americanos
  • Antigua Guatemala
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