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El problema del transporte desde la perspectiva humana

El problema del tráfico, especialmente en el Área Metropolitana de San Salvador, tiene su origen en varias dimensiones, que aunadas representan un desordenado sistema geográfico, de obras públicas y humano que se ha venido afincando con los años.
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Sin ser un experto, pero con la conciencia clara que es un deber señalar la situación imperante y los desaciertos, he presentado en esta columna de opinión diferentes enfoques sobre el sistema de transporte público y privado; la función del VMT, la Dirección General de Transporte y especialmente de la Policía de Tránsito y sus entes vinculados, como el Ministerio de Obras Públicas y las empresas de manejo.

Ahora pretendo entrar a un aspecto un poco más humano. Se trata del comportamiento de los peatones y conductores.

Conversando con un profesor de la UES, psicólogo, me comentaba sobre los trastornos físicos que produce el estrés producto de situaciones como el tráfico vehicular. Decía el profesor E. Romero: “Durante las horas pico los conductores se estresaban mucho más, poco a poco perdían la paciencia, se ponían más nerviosos y su presión arterial se aumentaba. Lo anterior influía en que se volvían más descorteses entre ellos, irrespetaban las leyes de tránsito y aumentaban las discusiones o pleitos entre los conductores... personas normales, corrientes, y educadas, cambiaba su personalidad en el preciso momento de sentarse al volante, en sentido más negativo”.

Refiriéndose a los conductores del transporte público dice: “Estas son personas con escasa educación formal, descorteses y matones al volante. En descargo de ellos, es necesario tomar en cuenta que a los motoristas de buses se les controla la hora de salida y llegada, y hay que cumplirla a toda costa; además, los dueños de los buses prefieren contratar motorista jóvenes que se conforman con salarios menores. Es decir que los conductores se estresan, se vuelven más irritables y mayoritariamente descorteses, la agresividad con que se maneja también es sumamente peligrosa. Es posible que con los años desarrollen trastornos de conducta, incluso enfermedades físicas como aumento de la presión arterial, cefaleas, mala digestión, etcétera. Al problema del tráfico hay que agregar la grave contaminación sonora y de gases tóxicos que redunda en cáncer y problemas respiratorios”.

Hasta aquí la cita. De acuerdo: Pero ¿qué pasa con los peatones?

La situación es parecida con el agravante que están indefensos ante la embestida de un vehículo; en su afán diario de llegar a tiempo a su trabajo o cita son víctimas del abuso de conductores, cobradores y motoristas: música estridente, apretujamientos indebidos propicios para los mañosos, empujones, maldiciones y toda clase de improperios salen a relucir cuando las histerias de dos o más se colman. Es un frenesí desde la oficina hasta el punto de abordamiento y el hogar; un temor y armarse de valor para el tránsito hasta casa.

Todo puede pasar en el camino. Sumémosle la complicada vida económica y social, son más vulnerables.

Las cifras de fallecidos confirman que los peatones son el segmento más propenso a lesiones y fallecimientos en los accidentes de tránsito.

¿Cómo resolvemos este tema complejo de ciudad?

El problema es multidimensional y desde mi enfoque la respuesta es una adecuada y participativa planificación integral. Todas las disciplinas deben de participar desde su perspectiva con una visión de bien público, de todos, común; y aunar recursos y esfuerzos, antes de que sea tarde, irresoluto.

Acá debemos hacer un llamado al MOP para que considere en el diseño de pasos a desnivel, autopista o nuevas carreteras, zonas de resguardo o tránsito seguro para los peatones (vea usted y percátese) que casi ninguna de estas obras tiene paso para peatones.

Para finalizar: la reorientación y actualización en valores son básicas como requisitos del cambio de actitud.

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