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El progresismo... qué lamentable decepción (I)

El progresismo, esa corriente social, política y económica que recorrió vastas partes de nuestra bella América Latina
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El progresismo, esa corriente social, política y económica que recorrió vastas partes de nuestra bella América Latina, exaltando las expectativas de los pueblos con la promesa de grandes cambios, grandes logros, prosperidad para todos; con la emancipación de las clases excluidas, la extirpación de la opresiva oligarquía, menos pobres y más ricos; con el retorno a la madre tierra (la Pachamama), de fértiles llanos, pampas y cerros para todos; samba, joropo y milonga por doquier, todos en unísono, en un festivo jelengue, bailando por las calles cual sambito medieval, entonando cánticos de sangrientas épocas ¡ah!

Y siempre despotricando contra el gran Satán del norte, el culpable de todos nuestros males y penurias. El progresismo, hoy día ya en el ocaso de su vida, relegado a la argumentación ad hominem, a la apología de lo indefendible, al antónimo de la mea culpa; atrincherados, enquistados, escondidos detrás de ideologías absurdas, idearios sin vigencia alguna; dedicados al saqueo del erario, a la prosperidad propia, dejando en su rastro la nueva pobreza, pueblos confusos, atónitos, sin comprensión alguna de su situación, viviendo lo inexplicable: Pachamama siendo tan rica, nuestra América siendo tan rica, y nosotros peleando por cambures (guineos, bananas) en las calles de nuestras tierras.

Para empezar a dirimir el inminente fallecimiento del progresismo, vamos a examinar el cuasi cadáver desde un punto de vista de Ciencias Empresariales, ese contrato implícito entre los contratados y el contratante.

La sociedad expuso en plaza pública la necesidad de contratar funcionarios, con funciones explícitas, para un tiempo determinado. Los interesados propusieron una plantilla de candidatos, y su propuesta de un plan estratégico para beneficio del contratante (la sociedad) - en este plan se definen metas, objetivos y resultados.

El día de las elecciones el contratante (la sociedad) acepta la propuesta y firma un contrato con los elegidos, de los cuales se espera una conducta intachable y proba, y que se rodeen de gente capaz.

Los estándares de conducta aplicables al funcionario son más altos ya que manejan fondos públicos y atienden la “cosa” pública; dicha conducta se rige por la Constitución de la República y el entramado jurídico que la acompaña, el funcionario no puede hacer más de lo que la ley expresamente le faculta, y en áreas grises debe de regirse por principios morales y éticos intachables, sin ningún indicio de conflicto de intereses.

¿Qué esperamos de nuestros servidores públicos? Resultados... resultados... resultados... Simplemente que hagan su trabajo y que consigan... RESULTADOS. Si no hay resultados, no nos interesan las excusas... ADIÓS y tal vez hasta la próxima, es que no hay donde perderse.

El problema del Progresismo, de la clase política, en cuanto a la falta de resultados se puede explicar a través de Julio César: Veni, vidi, vici (vine, vi, vencí). Ciertamente llegaron, vieron pero no vencieron. ¿Por qué? Porque para vencer tienen que hacer el problema suyo propio, tienen que adueñarse de este; como también tienen que resolver el problema, identificarlo claramente y diagnosticarlo apropiadamente; e implementar las soluciones.

El bienestar del colectivo está siempre por encima del beneficio propio, y el fracaso está siempre presente. La clave, el éxito es aceptarlo como un proceso interactivo donde el fracaso no existe sino solo soluciones no óptimas, lo que indica que hay que ir de tumbo en tumbo en busca de la solución óptima.

En nuestro querido El Salvador hemos pasado, en la posguerra, de gobiernos no progresistas a gobiernos progresistas, todos con resultados de pobres a mediocres, que nunca asumen responsabilidad propia. Siempre es la culpa de otros, de todos y todo... menos mía. ¿Qué nos queda? Dios, Unión, Libertad

Tags:

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