El progreso real necesita insoslayablemente que todas las energías nacionales se pongan en línea

Como hemos recordado cuando ha sido oportuno, un ejemplo reciente de ello es lo que ocurrió con los proyectos de desarrollo impulsados en la zona norte del país dentro del FOMILENIO I, que hoy es deplorable ejemplo de abandono.
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Cuando se enfoca con la debida amplitud de miras el acontecer nacional en esta precisa coyuntura histórica, lo que de inmediato queda en evidencia es la persistente dispersión de enfoques y la proliferación desordenada de iniciativas. Y eso se da paradójicamente cuando todas las evidencias de la realidad apuntan a propiciar lo contrario: que se den los necesarios enlaces tanto en los enfoques como en las iniciativas, ya que la problemática nacional es una y a todos nos atañe, y debería por consiguiente interesarnos en común. El estar actuando constantemente contra lo que el fenómeno real demanda constituye el principal extravío y la peor incongruencia, que por supuesto tienen un altísimo costo para todos los salvadoreños cualquiera que sea su condición socioeconómica y su pertenencia ideológica.

Aun en temas de tanta trascendencia como los que se refieren a la desbordada inseguridad ciudadana y al crecimiento económico insuficiente se carece de planteamientos que resulten del consenso de todos los sectores y del concurso de todos los actores nacionales; y eso crea vacíos que ningún ejercicio coyuntural puede llenar. Deberíamos tenerlo sabido por experiencia reiterada, y por eso continuar en la repetición de los mismos errores lo que demuestra es que somos tozudamente reacios a reconocer y a asimilar las lecciones que va dejando la misma realidad.

En lo que al desempeño de la institucionalidad pública se refiere tendría que garantizarse en todo caso la seriedad de lo que se ofrece y la efectividad de lo que se ejecuta. Tomar iniciativas para luego dejarlas en veremos, como ha ocurrido por ejemplo con el tan publicitado Pacto por el Café, no sólo acumula más frustraciones en el ambiente sino que hace perder tiempo irrecuperable. Sobre todo en condiciones tan complejas y peligrosas como las que predominan actualmente en el país, los salvadoreños ya no podemos, bajo ninguna circunstancia, seguir actuando de modo irresponsable, y mucho menos podrían tener justificación alguna los encargados de conducir el país y liderar sus instituciones para no hacer lo que se debe en el momento oportuno.

Sin perder de vista que la competencia democrática es siempre un contraste de conceptos y de posiciones sobre lo que existe en la realidad y sobre las formas de enfocarlo y de tratarlo, lo que la misma democracia determina es que dicho contraste se maneje conforme a los criterios de la lógica democrática elemental, que nunca induce a quiebres sino que siempre promueve integraciones. Y en el logro de tal equilibrio saludable juega papel crucial el propósito de hacer que el desarrollo sea un beneficio para todos.

El dejar estar las cosas, como ha sido práctica irresponsable entre nosotros a lo largo del tiempo, hace que las energías se dispersen y las oportunidades se frustren. Como hemos recordado cuando ha sido oportuno, un ejemplo reciente de ello es lo que ocurrió con los proyectos de desarrollo impulsados en la zona norte del país dentro del FOMILENIO I, que hoy es deplorable ejemplo de abandono. Los salvadoreños tenemos que acumular energías propulsoras de progreso y desplegarlas hasta donde se necesite para que cumplan su cometido. Si esto no se logra en la medida de lo indispensable nunca saldremos de los atolladeros actuales.

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