El que nada debe nada teme

Leyendo el reportaje publicado en el periódico Secolo XIX sobre las causas del hundimiento del crucero de lujo Costa Concordia, bajo el mando del capitán Francesco Schetino, aparece que dicho desastre se debió a la inexperiencia, irresponsabilidad y cobardía del referido capitán.
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Se le señala como irresponsable, pues teniendo conocimiento del daño causado en el crucero por su inexperiencia, ordenó que le sirvieran una cena gourmet acompañada con botellas de champán Moet & Chandon, para compartirlo con la bailarina Domnica Cemortan, no permitiendo que nadie le dijera nada.

En el mismo reportaje se recogen las declaraciones del oficial Martino Pellegrino, que dice: “Al capitán no se le podía criticar, pues era malcriado, autoritario, prepotente, egocéntrico y temerario, porque manejaba la nave como un Ferrari”. Además se le calificó como cobarde, pues abandonó la nave con pasajeros a bordo.

Ese reportaje me hizo pensar que igual situación estamos viviendo en El Salvador desde junio de 2009.

El Salvador era un país de lujo, pero cayó en manos de la actual administración, que es irresponsable, incapaz y lo único que hace es exprimir los fondos estatales, creando así una grave crisis.

Ante esta situación, en lugar de buscar soluciones sensatas, los funcionarios públicos, tan iguales al capitán del Costa Concordia, despilfarran nuestros impuestos, ordenando “comilonas gourmet” acompañadas de botellas de cinta azul. Esta corrupción es pública, imparable, arrastrándonos al fondo de un abismo, del cual nos será difícil salir.

En El Salvador la corrupción actúa como un impuesto progresivo, castiga a todos los salvadoreños, distorsiona el gasto público, desalienta la inversión y paraliza la lucha contra la pobreza.

Los funcionarios corruptos consideran que los fondos públicos son parte de su patrimonio, por eso no quieren dar información sobre los gastos y los etiquetan como “reservados”.

Pero los velos de la corrupción día a día se descorren, mostrando que es un cáncer que afecta a la mayoría de funcionarios públicos, quienes, al verse en el mar de dinero del presupuesto, préstamos y donaciones, escuchan la voz del ungido que les dice: “Aprovechen, que hoy es cuando”.

No admiten críticas y cuando se hacen reaccionan histéricamente, en programas radiales como “el Sabadazo”, pidiendo pruebas concretas.

Se conoce que algunas pruebas concretas se presentarán a organismos internacionales, apoyándose en convenios internacionales contra la corrupción como el de Naciones Unidas y el iberoamericano, ratificado por la Asamblea Legislativa el 9 de julio de 1998. ¡Habrá sorpresas!

Ahora las pruebas indirectas están resumidas en esta sentencia: “Sacristán que vende cera y no tiene colmenar, o se la saca de la oreja o se la roba en el altar”.

Cómo es posible que quienes llegaran con una mano por delante y otra por detrás, tramposos publicados, ahora sean empresarios, dueños de fincas, haciendas, mansiones, cancelando deudas millonarias, inversiones en el extranjero. ¿De dónde obtendrán tanto dinero?

Esta corrupción nos ha llevado a la pérdida de valores en nuestra sociedad. ¿Cómo es posible que el cura de Mejicanos, Antonio Rodríguez, denuncie públicamente que “responsabiliza de su vida” a otro cura, Fabio Colindres, y lo denuncie después de que asesinan a su colaborador Geovani Morales a la entrada de la iglesia de Mejicanos? Luego roban en su oficina documentación y computadora. Esto es un escándalo.

Si esto sucede entre quienes deben dar el ejemplo de paz y humildad, ¿qué nos espera? Ya ni en los curas se puede creer, parece un capítulo del “Patrón del mal”.

En 2014, la administración comandantes-don Funes se irá tranquila y nos dejará un gran desastre, tan igual al comportamiento cobarde del capitán del crucero. No hay que permitir la salida de los corruptos si no rinden cuentas al pueblo.

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