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El reconocimiento práctico de lo que son los retos principales del presente es la base de todo progreso

Y es que ahí está el punto decisivo: en generar nuevas visiones sobre la propia vida y sobre la vida en comunidad.

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David Escobar Galindo

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Estamos en un mundo en el que las expectativas de futuro se han venido volviendo reclamos anticipados, lo cual no es controlable a voluntad de nadie, ni siquiera de los que tradicionalmente se han considerado los más poderosos y los más influyentes. Esto es una variación de muy alto contraste con lo que sucedía en los pasados recientes, cuando prácticamente todo movimiento estratégico era manejado por fuerzas vinculadas y sometidas a los intereses particulares de grupos de poder. Lo que se está percibiendo entonces es el flujo y el influjo de energías que actúan cada vez más por su cuenta, en una especie de insurrección histórica que se gestó en los sometimientos que parecían intocables.

El primero de los retos a los que estamos refiriéndonos es el que podría sintetizarse en una frase: ASUMIR CONCIENCIA DE QUE LOS ESPEJISMOS IDEOLÓGICOS ESTÁN FUERA DEL JUEGO. Esto implica una auténtica liberación, que no se parece en nada a las ofertas liberadoras que las ideologías usaron como su principal argumento para ejercer control de voluntades en forma masiva. Hoy lo que está ocurriendo es una especie de ventilación histórica que, aun siendo incipiente, va emergiendo con clara vocación depuradora. Esto, en los hechos, se presenta como un dinamismo rejuvenecedor que busca hacer del devenir una tarea sin límites temporales. Es como renacer para permanecer.

En seguida hay que centrarse en otro reto de gran relieve para la buena salud del proceso en general: CONTRIBUIR, CADA QUIEN CON LO QUE LE TOQUE, A HACER REALIDAD COTIDIANA LA INTERACCIÓN PROPIA DE ESTA ÉPOCA. Se trata de un aspecto clave de conexión entre las voluntades y el quehacer tanto personal como social, de cuyo satisfactorio desempeño depende la suerte de las energías en movimiento, que deben estar puestas en orden en todos los sentidos para garantizar que no haya espacios en blanco ni áreas deshabitadas en todo este mosaico de figuras y de colores que se halla en el centro del presente y del cual derivan todas las perspectivas de esta contemporaneidad tan novedosa.

Los esfuerzos generadores de nuevas visiones y nuevas proyecciones quedarían reducidos al mínimo impacto si no hay determinación para DINAMIZAR LOS VÍNCULOS ESTRUCTURALES ENTRE EL PRESENTE Y EL FUTURO, que no son categorías estáticas en el tiempo sino movimientos que se entrecruzan en el constante ejercicio histórico. Esto no es ninguna novedad en sí, porque ha sido la constante desde que el mundo es mundo: lo que resulta original de esta época es el hecho de que se vienen desvaneciendo los límites temporales para posibilitar que la vida transcurra con la naturalidad integradora que es propia del desenvolvimiento humano en todos los órdenes.

Nada podría moverse de veras en el sentido que los tiempos demandan sin que tanto la ciudadanía como las diversas fuerzas en juego se dispongan de veras y con voluntad inequívoca a servir como promotoras de modernidad a integrarse proactivamente al propósito de PROMOVER MECANISMOS DE RENOVACIÓN SOCIOCULTURAL QUE LE PUEDAN DAR SOSTÉN A LOS EMPEÑOS VISIONARIOS. Y es que ahí está el punto decisivo: en generar nuevas visiones sobre la propia vida y sobre la vida en comunidad. Esto también es una forma, y básica por cierto, de reconocer la vigencia del fenómeno globalizador, porque si no se globalizan los mecanismos de convivencia no hay cómo incorporarse a las realidades actuales.

Afortunadamente, las viejas formas de ocultamiento o de distorsión de la realidad vienen haciéndose impracticables por efecto directo de las aperturas que se están dando sin tregua ni descanso en nuestros días. Porque lo único que resulta funcional en cualquier circunstancia del tipo que sea es el estar siempre al día en la atención y el cumplimiento de las tareas correspondientes. En lo que al país se refiere, lo primero por atender es el flujo de la evolución, que ha sido lo más descuidado entre nosotros, y más en los tiempos recientes y actuales. Es hora, pues, de corregir ese descuido tan depredador, poniendo cada quien y todos en conjunto lo necesario para que nunca volvamos a estar en deuda con nuestro propio proceso.

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