El régimen de libertades es el fundamento principal de la democracia, y por eso debe ser debidamente salvaguardado y fortalecido

En lo tocante a la libertad de expresión, la lucha contra la misma y la defensa sistemática de ella se hacen presentes en estos días una vez más en el país. LA PRENSA GRÁFICA tiene un rol de primer orden en dicha defensa, como es visible en los acontecimientos judiciales que se están dando. Y el hecho de que haya demandas penales por difamación y calumnia, impulsadas por el alcalde capitalino Bukele, es indicativo de que la fuerza de la libertad de expresión pone en jaque a la impunidad política.
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Como venimos viendo a lo largo de este ya largo trayecto que seguimos llamando posguerra, pero que en realidad es la continuación del proceso evolutivo nacional una vez que se cerró una época histórica y se abrió otra en el país, la puesta en práctica del ejercicio democrático real constituye una prueba cotidiana de alto relieve tanto para la institucionalidad como para la sociedad. Esto tendrían que tenerlo sabido los diversos actores nacionales desde hace mucho, pero en verdad ha sido desde que se consumó la primera alternancia en la conducción política del país que toda esta dinámica se ha puesto realmente sobre el tapete como un hecho irreversible. Y uno de los aspectos más visibles y palpitantes es el que se refiere a la defensa y al fortalecimiento del régimen de libertades, en todos los planos del mismo.

Hay múltiples factores en juego que atentan contra dicho régimen, como se puede constatar al recorrer los acontecimientos que se producen a diario. La libertad ciudadana, que se concreta en un vivir donde se respetan y se promueven los derechos básicos, se halla directamente afectada por la inseguridad que campea por todas partes. La libertad política, que constituye el sostén de todo el sistema de vida nacional, carece aún en los hechos de las garantías que le provee el sistema legal, porque las fuerzas que se mueven dentro de éste, y muy en particular los partidos políticos, aún no responden como se debe a sus responsabilidades institucionales y estructurales. Y en lo que toca a la libertad de expresión, que es esencial para mantener ventilado y saludable al sistema en su conjunto, la dinámica imperante genera amenazas de diversa índole contra la misma, porque las resistencias a las aperturas ordenadoras del cambio proliferan y se agudizan a medida que la realidad les va cerrando espacios tanto a lo obsoleto como a lo caduco.

En lo tocante a la libertad de expresión, la lucha contra la misma y la defensa sistemática de ella se hacen presentes en estos días una vez más en el país. LA PRENSA GRÁFICA tiene un rol de primer orden en dicha defensa, como es visible en los acontecimientos judiciales que se están dando. Y el hecho de que haya demandas penales por difamación y calumnia, impulsadas por el alcalde capitalino Bukele, es indicativo de que la fuerza de la libertad de expresión pone en jaque a la impunidad política. La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) ha manifestado ya con toda claridad su inquietud por este tipo de maniobras intimidatorias, con lo cual lo que está aconteciendo gana la atención internacional que se requiere. Hay que seguir confiando en que el imperio de la ley pueda imponerse sobre todas las argucias que pretendan desactivarlo o desnaturalizarlo al servicio de intereses políticos específicos.

Lo que resaltamos cuantas veces se hace oportuno es el imperativo de estar siempre atentos, desde todos los ángulos y frente a todos los riesgos, sobre la suerte que vayan corriendo las libertades en el ambiente. Este no es, en ningún sentido, un tema teórico u ocasional, sino una demanda viva para garantizar la sana supervivencia de todo nuestro proceso de vida. Las libertades sustentan la estabilidad, alimentan el progreso y posibilitan la paz. Esto hay que tenerlo presente en todo momento, por encima de las circunstancias coyunturales.

LA PRENSA GRÁFICA, como medio inequívocamente comprometido con el país, con su gente y con su destino, no cesará ni un solo instante de estar en guardia.
 

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