El relevo generacional y el país que viene

La generación a cargo de la guerra y el cuarto de siglo de posguerra se aferra al poder en los partidos y el Estado, no obstante el retraso de su visión de dos a cuatro décadas en promedio, en este profundo y acelerado cambio civilizatorio...
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A El Salvador le llegó –finalmente– la hora del relevo generacional en los partidos políticos, en el aparato del Estado, en las empresas, en la acción social, en los institutos y espacios de pensamiento. No obstante, la generación a cargo de la guerra y del cuarto de siglo de posguerra se aferra al poder en los partidos y el Estado, mientras en el resto de instituciones privadas, no gubernamentales y del pensamiento, una nueva generación se abre paso asumiendo progresivamente su conducción. Coincide este cambio generacional con la crisis histórica en que nos debatimos cuyo desenlace, transformación y futuro del país que viene dependerá –literalmente– de la calidad del nuevo liderazgo que asumirá los destinos nacionales.

Hace dos años culminó la primera fase de una excelente iniciativa, el libro “El País que Viene. Una generación comprometida” producto “de un esfuerzo común de 40 jóvenes salvadoreños que decidieron vencer la polarización y dibujar juntos el país que podemos tener en los siguientes años... Nuestra población joven compuesta de 1.79 millones está en un punto de inflexión, se trata de la generación mejor formada y más informada de la historia. Sin embargo, aún persiste la necesidad impostergable de promover el rol protagónico de los jóvenes como autores del desarrollo, como socios clave para generar oportunidades y como un grupo prioritario para construir un cambio social”, dijo en el prólogo Diego Echegoyén, coordinador de esta iniciativa y editor del libro.

Dos años después, la semana pasada, esta iniciativa presentó el segundo libro, “El país que viene. Jóvenes en el exterior” dedicado “a los valientes jóvenes que miran el futuro con esperanza, que persiguen sus sueños con determinación y a todos los salvadoreños en el exterior que no olvidan su patria que los abraza en la distancia”.

En mayo de 2016 esta iniciativa, en coordinación con el Ministerio de Relaciones Exteriores a través del Viceministerio para los Salvadoreños en el exterior y la red diplomática y consular, lanzó una convocatoria pública para que los jóvenes residentes alrededor del mundo participaran como autores de este libro. “Retamos a los 60 jóvenes que escriban para que con sus propias palabras nos dibujaran el mapamundi de los salvadoreños que viven en el extranjero... Sus planteamientos nos concientizan sobre el capital social que representan los salvadoreños que viven alrededor del mundo; podrán descubrir el imaginario y la vinculación social, cultural, y emocional de las nuevas generaciones de nuestra comunidad migrante... Posibilitamos el encuentro intergeneracional y el diálogo para que diversas generaciones de líderes se inspiren entre sí en torno al servicio, la entrega y el compromiso por El Salvador” (Echegoyén).

En la introducción a este segundo libro, el canciller Hugo Martínez escribió: “...Los autores abren una ventana a un pensamiento diferente, con abordajes novedosos frente a los desafíos nacionales y, sobre todo, con el mejor ánimo de caminar juntos hacia un mismo objetivo. Esto, sin duda, nos llena de mucha esperanza en este año 2017, en el que no solo conmemoramos el XXV Aniversario de la firma de los Acuerdos de Paz, sino que nos enrumbamos además hacia la definición de un nuevo acuerdo de nación”.

Este arcoíris plural de 100 jóvenes menores de 35 años es una expresión de la nueva generación que le ha llegado la hora de conducir los destinos nacionales. Una de las jóvenes participantes escribió: “Las juventudes... hemos sido el motor de la historia y estamos llamadas a ser las principales impulsores de las transformaciones”. Y cita al reconocido sociólogo francés Alain Touraine: “El cambio de América Latina parte principalmente de los jóvenes” (Idalia Zepeda Azahar).

El liderazgo político de la generación de la guerra y de la posguerra está –literalmente– agotado, con todo y las estructuras económicas, sociales e institucionales con las que hoy lideramos el homicidio en el mundo y la postración económica y social en Centroamérica. El retraso de su visión y propuesta tiene entre dos y cuatro décadas de retraso, en este profundo y acelerado cambio civilizatorio. Las excepciones confirman la regla...

El coordinador/editor concluye con una justificada exhortación: “Impulsemos a la juventud salvadoreña a tomar un papel transformador y un rol activo como actores de cambio para posibilitar el mejor de los futuros para El Salvador”. Los jóvenes con más visión, preparación, compromiso y talante ético y democrático-progresista deben transformar la política y el Estado, y liderar el cambio y la construcción del futuro. La hora del recambio generacional ha llegado para parir el mejor país que viene.
 

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