Lo más visto

El respeto a la naturaleza es esencial para salvaguardar la vida

Como siempre, apelamos a la necesidad de que un plan de este tipo y de estas dimensiones se convierta en una política permanente, con independencia de la gestión política de turno.
Enlace copiado
Enlace copiado
Uno de los temas de más relevancia global en estos días es el referente a los diversos efectos del llamado “cambio climático”. Se trata de un fenómeno de dimensiones globales, que ya no puede ser dejado de lado, porque sus consecuencias nos impactan a todos, de una manera recurrente y cada vez mayor. Aunque haya opiniones contrastantes sobre los orígenes de tal situación, difícilmente podría ocultarse que las acciones humanas tienen creciente responsabilidad en los trastornos del clima a nivel general. En nuestro país, el despliegue de la conciencia al respecto es muy reciente, movida por la amenaza climática, que se hace sentir con intensidad progresiva, haciendo imposible ignorarla. No es casual, entonces, que hace unos pocos días el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturalezas haya lanzado la Estrategia Nacional de Cambio Climático, con un conjunto de acciones por realizar de manera articulada y sucesiva.

Son tres ejes fundamentales los que juegan en esta Estrategia, con cinco temas críticos y cinco requerimientos institucionales. Los ejes son: Mecanismos para enfrentar pérdidas y daños recurrentes; Adaptación al cambio climático; y Mitigación del cambio climático con co-beneficios. Los temas críticos son: Sensibilización; Educación y formación; Investigación; Tecnología y Financiamiento. Y los requerimientos institucionales son: Coordinación interinstitucional; Fortalecimiento institucional; Gobernanza local y modelos de gestión; Monitoreo, reporte y verificación; y Legislación, normativa y regulación. Como se advierte de inmediato, se trata de una Estrategia de amplio alcance, que busca, desde su planteamiento, generar respuestas a los riesgos, amenazas y pérdidas que genera este fenómeno de crecimiento acelerado.

Como siempre, apelamos a la necesidad de que un plan de este tipo y de estas dimensiones se convierta en una política permanente, con independencia de la gestión política de turno. Dicha iniciativa es ambiciosa y oportuna, y como tal merece un amplio apoyo gubernamental y extragubernamental. En realidad, la amenaza climática incrementa nuestras ya muy riesgosas vulnerabilidades ambientales y sociales, y estar preparados para enfrentarla es cuestión del más alto interés nacional. Nos encontramos, como dice el documento que esboza el Plan, ante una nueva realidad que debe ser asumida en toda su magnitud y en toda su complejidad.

El deterioro ambiental incide en prácticamente todas las áreas del quehacer humano, y eso hay que dimensionarlo y atenderlo de manera eficaz, tanto en lo referente a la prevención como en lo que toca a las respuestas frente a estragos o desastres específicos. Está presente aquí, desde luego, un tema de cultura ciudadana e institucional. Por tradición, hemos actuado como si los recursos naturales fueran automáticamente renovables, con independencia de la responsabilidad humana. Y seguimos desperdiciando y contaminando el agua, envileciendo el aire y maltratando la tierra. Esa impunidad tradicional nos está pasando facturas cada vez más altas, a la luz de un trastorno climático creciente.

Nuestra vulnerabilidad ambiental es un vivero de impactos negativos tanto para la vida de las personas como para el desempeño económico del país. Por eso resulta imperativo y urgente ponerle atención efectiva a todo lo que pasa en el entorno natural, con las medidas preventivas y las respuestas eficaces que sean necesarias. Todo ello viene a ser cuestión de supervivencia básica.

Lee también

Comentarios