Lo más visto

Más de Opinión

El respeto es básico para la convivencia armoniosa en todos los niveles

En estos días, cuando se está discutiendo allá en el plano legislativo la suerte de los protegidos por el TPS y amparados por DACA, las expresiones crudamente ofensivas que lanzara el Presidente contra países como el nuestro han levantado una ola de repudio interno y externo.
Enlace copiado
La Prensa Gráfica

La Prensa Gráfica

Enlace copiado

En esta era de globalización expansiva que va transformando no sólo las características políticas y socioeconómicas del mundo en general sino también replanteando los esquemas de la vida contemporánea en todas partes, se están dando fenómenos reactivos de gran intensidad, porque muchos se resisten, y lo hacen con frecuencia en forma virulenta y agresiva, a los cambios generados en la era presente, que no son producto de voluntarismos ideológicos como ocurría en momentos históricos anteriores sino efecto de esa evolución no programada y por consiguiente no controlable al estilo antiguo.

En los tiempos de la bipolaridad, cuando dos grandes potencias tenían prácticamente el control mundial y cada una contaba con su propio campo de influencia, la sensación de predominio absoluto imperante en los centros de poder máximo no admitía ningún tipo de cuestionamiento. Hoy eso es cosa del pasado, pero las grandes potencias de entonces aún no se resignan a su nuevo estatus en el mundo multipolar, lo cual genera diversos repuntes de intolerancia extrema, sobre todo en esta época en que las migraciones han tomado extraordinario impulso en las más variadas latitudes.

En Estados Unidos, las resistencias a aceptar que en el mundo global todos estamos presentes y somos visibles vienen ganando protagonismo, y eso puede comprobarse muy fácilmente al observar el tipo de acciones y reacciones del mismo Gobierno estadounidense y en particular del gobernante de turno, que lidera con despiadado empeño una política antiinmigrante que vulnera derechos de millones de personas en aquel país. En estos días, cuando se está discutiendo allá en el plano legislativo la suerte de los protegidos por el TPS y amparados por DACA, las expresiones crudamente ofensivas que lanzara el Presidente contra países como el nuestro han levantado una ola de repudio interno y externo.

En verdad resulta insólito que hechos como ese tengan como escenario un país que fue construyendo su grandeza incuestionable sobre la base de una inmigración que no dejó de fluir en el curso del tiempo. Y a la vez se hace evidente que en todas partes hay un crítico deterioro de los valores, como si en este tema vital lejos de ir hacia adelante fuéramos muy peligrosamente hacia atrás, aun en aquellas sociedades que se han preciado siempre de estar a la cabeza del desarrollo y de la civilización.

En tales condiciones, la instalación del respeto como norma de vida nacional y universal se hace más urgente que nunca. Y en este punto los liderazgos tienen que dar el ejemplo fundamental. Ofender a los demás, cualquiera que sea el propósito de ello, es la vía de los peores descontroles, y las consecuencias siempre son nefastas. Pero tampoco hay que responder una ofensa con otra, porque eso es abrirle la puerta a todos los desatinos imaginables. En nuestro caso, reafirmémonos como pueblo noble y ansioso de superarse en medio de tantas adversidades.

Cada quien –se trate de personas, de organizaciones o de naciones– tiene que hacer lo que le corresponde para avanzar hacia el progreso con ecuanimidad y con dignidad, accionando en todo caso energías positivas.

Lee también

Comentarios