El reto moral ante el ejercicio del poder

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La Prensa Gráfica

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El mexicano Marco Humberto Aguilar define la política como “una actividad noble y superior que realiza el ser humano en la búsqueda de generar beneficios que se traduzcan en el interés colectivo”, una definición que personalmente considero acertada y la cual comparto plenamente.

Estamos a las puertas de un nuevo período legislativo y municipal, en el que repiten algunos y entran otros por primera vez, electos por diferentes banderas, pero enfrentando un reto moral en común: limpiar la idea que se ha formado en la población respecto a la clase política, y trabajar por ser verdaderos representantes de la población.

Está claro que hay un enorme descontento con la clase política, que proviene de la mala fama que se ha construido alrededor del ejercicio del poder. Principalmente, porque se considera que su práctica es contraria a la ética y la moral, esto por el mal ejercicio que se ha hecho de ella. Y es que algunos políticos han actuado como que lo único que importa es la conservación del poder, a partir de lo cual la población dejo de sentirse representada, y ha perdido la confianza y la credibilidad en ellos.

Para cambiar esta percepción es necesario realizar cambios desde la clase política, estableciendo bien el orden de prioridades, ejerciendo la función pública para la población y no para los partidos, demostrando un verdadero y efectivo cambio de actitud: trabajando por honrar ese privilegio, haciéndolo para y por todos los sectores y no solo para quienes marcaron determinada bandera en las pasadas elecciones.

No se trata de que en el ejercicio público haya que olvidar los principios políticos partidarios, sería irresponsable hacerlo, es gracias a ellos que se puede optar por un cargo de esa naturaleza, de lo que se trata es de poner al servicio de la población lo bueno que de ellos pueda salir.

No hay que perder de vista que todos los espacios de toma de decisión son plurales, por lo que es importante escuchar y dialogar, pero sobre todo comprender. Esto requiere un trabajo en doble vía, para quienes se encuentren en mayoría deberán escuchar y retomar todos aquellos aportes e ideas que resulten en mejores soluciones, y para quienes estén en minoría deberán participar y aportar para construir y dar las respuestas que espera la población. Se dice que dos cabezas piensan mejor que una, pero el resultado será mejor si ambas tienen la misma oportunidad y el mismo compromiso de expresar y escuchar sus ideas, para ofrecer propuestas efectivas a la población.

Sería un error pensar que lo anterior es únicamente responsabilidad de quienes estén en el ejercicio público, es también de las estructuras partidarias, que deben facilitar la función pública, y convertirse en garantes de que, en dicha labor, se cumpla con la misión asignada.

Si logramos que todo lo anterior suceda, la política será esa actividad noble que genera beneficios para el interés colectivo, se recuperará la confianza de la población que, al verse representada, validará nuevamente a los políticos y los partidos, mejorando el concepto que se tiene de la política y de quienes la ejercen, y legitimando nuestra lastimada democracia, que es, por mucho, lo más importante.

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