Lo más visto

El riesgo de la insostenibilidad fiscal inmanejable está acechando cada vez con más visos de hacerse realidad

Es un escenario en el que viene prevaleciendo la tozudez extrema, cuando ya está visto sin alternativa que sólo el entendimiento razonable es capaz de funcionar. El punto de la responsabilidad fiscal es clave, y habría que encararlo en forma efectivamente realista.
Enlace copiado
Enlace copiado
La crisis fiscal ya está visto que no es un fenómeno coyuntural sino una situación que se ha venido volviendo estructural por efecto del manejo impropio de las posibilidades financieras del Estado. Ahora resulta que hasta la medición del PIB ha sido manipulada para dar una imagen que está por encima de la realidad, con lo cual se grafica una vez más que lo que más ha faltado en este tipo de cuestiones que son en sí tan delicadas y significativas es responsabilidad básica. Estamos como estamos porque se ha atentado sistemáticamente contra la sinceridad y la corrección en el manejo de los asuntos públicos, y eso más temprano que tarde tiene costos que se incrementan con el tiempo, con el agravante de que quien acaba pagando las facturas es la población que no ha tenido nada que ver con los desaguisados.

Las circunstancias imperantes, con su creciente impacto sobre todas las cuestiones más importantes que están por resolver, ponen al país entero a la expectativa de lo que pueda ocurrir en lo inmediato; y tal expectativa es al mismo tiempo un potente desafío para cuantos tienen capacidad decisoria en cualquiera de los campos del quehacer nacional. Se habla reiteradamente de austeridad en el gasto público, de crear normativa que regule la responsabilidad fiscal, de controles verificables del endeudamiento y de mejorar las condiciones del ingreso estatal; pero cuando se llega al punto de tocar todos esos temas de modo concreto vienen los sesgos y las evasivas, y al final no se concluye en nada.

Lo único cierto es que no podemos continuar así, porque se reducen cada día los márgenes de disponibilidad y las posibilidades de sostenimiento seguro. Y lo que se impone, sin más vacilaciones posibles, es encontrar de común acuerdo salidas programadas del gran atascamiento actual. Es evidente que no se va a llegar a soluciones totales con las primeras de cambio, y por eso de lo que se trata es de avanzar de manera progresiva hacia el objetivo de la normalidad financiera, sin cuya vigencia sostenible seguiremos siempre expuestos a lo peor.

La temática fiscal se halla atrapada en un impasse altamente peligroso porque hay urgencia de soluciones y a la vez resistencia a pasar al ámbito de la negociación política sobre las mismas. Es un escenario en el que viene prevaleciendo la tozudez extrema, cuando ya está visto sin alternativa que sólo el entendimiento razonable es capaz de funcionar. El punto de la responsabilidad fiscal es clave, y habría que encararlo en forma efectivamente realista. El Gobierno, en todas sus expresiones, necesita autocontrol, porque ya no hay manera de que funcione como si las arcas públicas fueran un saco sin fondo; y por su parte la oposición política tiene que estructurar una propuesta que trate interactivamente la disciplina que se necesita y la atención inmediata a la disponibilidad financiera básica que también se necesita.

Si no se entra cuanto antes a un dinamismo de resultados, esto que ahora es empantanamiento avanzará hasta ser parálisis, y eso lo pagaremos todos a costos incalculables. Que se abran pues las esclusas de la racionalidad para que puedan pasar los esfuerzos en pro de soluciones seguras y sustentadas. Ya no se puede seguir en el juego peligrosísimo de la incontinencia y del endeudamiento.

Tags:

  • entendimiento
  • responsabilidad fiscal
  • negociacion
  • austeridad

Lee también

Comentarios