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El rol del padre y del maestro

Siempre que llegamos a junio, es difícil prescindir de hacer alusión a las celebraciones del Día del Padre y Día del Maestro, quienes son los responsables de moldear el carácter, la personalidad y el intelecto de los niños y jóvenes.
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Obviamente, pretender alcanzar la excelencia en el difícil rol de ser padre parece hoy en día una tarea bastante complicada de realizar a plenitud, porque todo tiende a cambiar en cuanto a la forma de educar a los hijos, quienes adquieren de un día para otro elementos culturales nuevos en cuanto a modas y costumbres, que generalmente provienen de fuera, pero que los padres para no parecer anticuados y obsoletos les permiten a sus hijos en muchas ocasiones, la adopción de conductas extravagantes, porque así lo exigen los nuevos tiempos. Los cortes de cabello extravagante, la ropa ajustada, la colocación de aretes, piercings en los labios, orejas y lengua, son algunas nuevas modas que muchos padres permiten a sus hijos con tal de que estos se sientan bien.

Sin embargo, los padres siempre deben estar pendientes de la conducta que sus hijos manifiestan en los centros educativos donde estudian y la que adoptan en el hogar, tratando de ser padres que siempre proporcionen el buen ejemplo a sus hijos, evitando la demasiada permisividad, que a veces de forma inconsciente prodigan a sus hijos, como parte de la formación de los mismos. Es obvio que si los padres siempre son modelos a seguir por los hijos, donde prevalezca la práctica de valores y buenas costumbres, el deteriorado tejido social que hoy padecemos irá mejorando paulatinamente con el correr del tiempo.

Infortunadamente, existen hogares donde prevalece el libertinaje, y los padres no ejercen ningún control sobre sus hijos, hogares donde prevalece el mal ejemplo de los padres, quienes en muchas ocasiones son adictos al tabaco, alcohol y otras drogas que en el futuro sus hijos también adoptarán. Hogares donde desde temprana edad los padres inducen a sus hijos a la práctica de actividades ilícitas como la extorsión y la incorporación a grupos delictivos, lo cual lamentablemente ha permitido en parte, llegar a la situación delincuencial que hoy nos abate.

Desde luego que los maestros también desempeñan un rol invaluable en la educación de la juventud y la niñez, a quienes el Gobierno debe proporcionar las herramientas, los incentivos y la capacitación que permita que la calidad de la educación que imparten sea mejor. Muchos consideran que la formación de los maestros debería ser retomada nuevamente por el Gobierno para prepararlos mejor, construyendo por medio de un asocio público-privado, la que podría llamarse “universidad magisterial”, que sería exclusiva para la formación de docentes.

Además, es imperativo que el MINED en este Gobierno se preocupe más por mejorar la calidad educativa en el país, pero para ello –como se ha expresado en forma recurrente– es imprescindible incrementar la asignación presupuestaria designada a este ministerio (al menos el 6 % del PIB), para poder dar el salto de calidad que hasta hoy ha sido imposible alcanzar.

Lamentablemente hoy en día, innumerables niños y jóvenes en nuestro país no han podido tener la oportunidad de recibir ningún tipo de educación escolar que les permita integrarse a la sociedad y contribuir al desarrollo del país, no quedándoles otra opción que dedicarse a la práctica de actividades ilícitas para poder sobrevivir. Muchos jóvenes son reclutados desde los centros educativos por los antisociales, quienes los obligan a incorporarse a estos grupos delictivos con la amenaza de asesinarlos si no acceden a sus pretensiones. En los últimos años se ha incrementado el asesinato de estudiantes por los grupos delictivos, sin que hasta hoy haya una seguridad completa en los centros educativos por parte del Gobierno.

En ese sentido, se necesita de mayores esfuerzos por parte del Gobierno para implementar estrategias que permitan prevenir que jóvenes en riesgo se involucren en grupos delictivos, proporcionándoles oportunidades para estudiar y aprender al mismo tiempo algún tipo de oficio que los mantenga alejados del ocio y la delincuencia.

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