El sano “familismo” es gran esperanza

El año pasado escuché en las noticias que el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, y su esposa, Priscilla Chan, anunciaron días después del nacimiento de su hija Max que donarían a lo largo de su vida el 99 % de sus acciones de FB
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El año pasado escuché en las noticias que el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, y su esposa, Priscilla Chan, anunciaron días después del nacimiento de su hija Max que donarían a lo largo de su vida el 99 % de sus acciones de FB a labores filantrópicas, (más o menos 45,000 millones de dólares), con el objetivo de “avanzar en el potencial humano y promover la igualdad del ser humano”. ¡Me encantaría hacer lo mismo si tuviera la misma fortuna!

Pero quizás lo que quiero comentar es el impacto que ocasiona en las personas el poder contar con una familia sana, llena de amor, de tal forma que lleva a pensar que detrás de un gran privilegio existe una mayor responsabilidad de devolver y ayudar a dejar un mundo mejor para las siguientes generaciones. Me enternece que los emprendedores exitosos, sean extranjeros o nacionales, están redescubriendo a la familia en su único y esencial papel de ejercer importantes funciones insustituibles, en lo referente a proporcionar amor, autoestima y socialización a los niños y niñas que nacen en el hogar. La nueva actitud del “familismo” de las familias jóvenes actuales son buenas noticias para el futuro de la humanidad.

Por mucho que exista el estado del bienestar o la proliferación de nuevos movimientos culturales (como las economías del cuidado y la responsabilidad social empresarial) en las organizaciones, la familia es por mucho el ámbito natural ideal para el desarrollo personal. La familia como ámbito ecológico humano ha conservado su papel de protección y de instrumento de cohesión social: sigue cuidando de sus enfermos y ancianos, continúan los niños siendo el centro de atención y los jóvenes se emancipan con el matrimonio (Vázquez de Prada Tiffe, M., Historia de la familia contemporánea. Principales cambios en los siglos XIX y XX Ed. Rialp, S. A., Madrid 2008. Pág. 218).

Ciertamente, se ve que la institución familiar tiene una extraordinaria capacidad de adaptación y flexibilidad para seguir cumpliendo sus funciones básicas en escenarios cambiantes (como el ingreso masivo de la mujer al mundo laboral, aumento de divorcios, familias monoparentales e hijos extramatrimoniales, vida en común en vez de casamiento, etcétera).

Pienso que cuando un Estado y la sociedad que representa deciden apuntalar a la familia basada en el matrimonio, no significa desconocer la existencia de familias incompletas, disfuncionales, desintegradas así como sus problemas y los de sus miembros. Significa aprender de aquella para suplir sus funciones, incluir a todas las familias para prevenir y dar soluciones a los males sociales.

La familia debería ser un tema transversal y estar en el Consejo de Ministros con categoría propia. Así, cualquiera que sea el tema que se trate, se haga desde el punto de vista de su impacto positivo o negativo en la familia. Las políticas públicas y empresariales deberían adaptarse a la maternidad y a la paternidad, de lo contrario, serán injustas también para todo el resto del cuerpo social.

Conviene que la legislación apoye a la mujer que quiere ser madre, por el bien de esta, del padre, del hijo, de la propia empresa y de la sociedad. El tiempo que una persona pasa con la familia se vuelve, por tanto, esencial para las organizaciones, la sociedad y para la política.

Tags:

  • familia
  • exito
  • superacion
  • esperanza

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