El señor presidente

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Desagradable fue mi único encuentro cercano con el señor presidente, un día que compraba un baguette en una panadería de nombre francés. De repente, pega un frenón una Prado bien chaineada, seguida por un pick up tan negro como su polarizado. Se abren un montón de puertas, y salen el presi y sus secuaces.

El patrón hace su entrada triunfal luciendo un traje de diseñador, unas gafas más chivas que las de Munguía Payés, un reloj igualito al de Funes, y unos zapatos de charol, cuya marca no descifré, pues me asusté por el tono arrogante con que el susodicho pedía un creme brule.

Cenando en casa tuve que pedir perdón, pues mi carácter estaba encrespado por lo recién atestiguado.

Días antes, el mismo presidente también hizo perder mi dulzura, culpa de un bacanal, con sello de realeza, que montó para celebrar la toma de una nueva asamblea.

Una vez en el trono, el señor que cree que su apellido lo dice todo, decoró las paredes de la “casa del pueblo” (¡ja!) con obras dignas del Kremlin. Como era Navidad, también regaló pañuelos de seda, y pines de oro, a los afortunados miembros del club. Papi no paga. Juan Pueblo sí.

Los reyes tienen la misión de viajar por los 5 continentes. Palestina aún faltaba de su lista cruzar, por lo que el señor presidente decide, en nombre de todos los salvadoreños, asumir el rol de paloma de la Paz.

¿Cuántos sellos en sus pasaportes diplomáticos habrá agregado a su colección? Apuesto que ahí están Venezuela, Cuba, Vietnam, Rusia, Irán, Corea (Pyongyang, no Seúl) y China (no Taiwán).

Bienvenidos unos días de oxígeno en los que no escuchamos otra pasadita del señor presidente, hasta que la foto de su nariz, antes (inmensa) y después (esbelta), invadió las redes sociales.

“Respiremos hondo”, recomendaba, “¡al presi le faltan pocos días por salir!”

Su eminente partida alborotaba el panal de chambres sobre el próximo capítulo en la vida política del señor presidente. La versión que más buzz tenía es que se iba de embajador a Timbuktú, una isla tan pero tan remota, que no lo volveríamos a ver.

La enorme felicidad que sentimos se convirtió en decepción a media Copa América cuando, de la nada, el presi aparece firmando su aceptación a la presidencia de PROESA, un ente promotor de exportaciones e inversiones.

Nos platican al menos 4 años más del presi, en una posición no apta para políticos, ni mucho menos para uno que está en la mira por la oscura compra de unos terrenos.

Para que las exportaciones e inversiones engorden a las vacas se necesita una cabeza emprendedora, no política. Un experto en economía y finanzas, no en movilización de masas.

Se necesita un presidente austero que invierta su presupuesto en atraer inversión, y no en despilfarrarlo en traslados y decoraciones para su despacho, en engordar su planilla y en comprar todoterrenos.

Culpa de las cabezas políticas de turno, se nos fue Maseca, se nos va Jumex; con las menores exportaciones e inversiones de la región; con índices económicos que dan ganas de llorar; endeudados hasta la coronilla; con el mayor desempleo. Y esto solo en el plano económico.

Y entonces, ahora ¿quién podrá defendernos?

Con el dolor de mi alma, no creo que el señor presidente.

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