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El síndrome de dejar las cosas a medias

“La ONU lidera en el país un nuevo pacto entre el gobierno, los partidos políticos, la empresa privada y otros sectores para alcanzar acuerdos de nación”.
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El síndrome de dejar las cosas a medias

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La noticia de LPG del 19 de agosto podría ser alentadora si no estuviéramos acostumbrados a propuestas que terminan siendo improductivas debido a la incapacidad de la clase política y grupos de poder de lograr compromisos consensuados y efectivos.

La negociación política en este país es difícil y muy a menudo imposible. Apremia el querer imponer, el tener la razón y por ende el retirarse irritado.

Por consiguiente, sufrimos el síndrome de dejar las cosas a medias, la mejor opción para no comprometerse y no avanzar. Síndrome que se ha transformado en un hábito que no soluciona el problema, solo lo pospone.

El acuerdo de paz que se firmó en 1992 no representó una herramienta vigorosa para modernizar y democratizar la sociedad salvadoreña. Los sectores involucrados directamente en la guerra se fueron alejando de los compromisos asumidos. La Comisión Nacional para la Consolidación de la Paz (COPAZ) creada en ese entonces sufrió serias deficiencias y careció de la capacidad para exigir el cumplimiento de los acuerdos.

Hace casi 25 años se acordó crear un Foro de Concertación Económica y Social donde tendrían participación igualitaria los sectores gubernamental, laboral y empresarial. El objetivo del foro era lograr amplios acuerdos tendientes al desarrollo económico y social del país, en beneficio de todos sus habitantes.

El Foro dejó de funcionar rápidamente. Y a partir de 1994, los sucesivos gobiernos ya no retomaron la concertación económica y social.

Es de preguntarse qué hubiera pasado si hubiese funcionado el Foro.

Es de preguntarse qué hubiera pasado si los distintos sectores involucrados se hubiesen comprometido en aportar soluciones concretas y estructurales a los problemas apremiantes del país en vez de dejar las cosas a medias.

Creo que el país hubiese estado mucho mejor.

Un cuarto de siglo después, el panorama es el siguiente: las insatisfacciones económicas y sociales son profundas (violencia, corrupción, impunidad, falta de desarrollo económico inclusivo, educación/salud deficientes y medio ambiente altamente contaminado), las divisiones políticas son muy intensas, la economía esta agotada y la sociedad cada día más violentada.

Por otro lado, el FMI ha dado recientemente recomendaciones respecto a la situación fiscal del país dado que esta puede volverse insostenible si no se realizan los ajustes necesarios. Si los sectores involucrados en este proceso no entienden que el esfuerzo y sacrificio tiene que ser mutuo y compartido, seguiremos con ese mismo síndrome que tanto perjudica al país.

Es indispensable aumentar la recaudación tributaria con una fiscalidad más justa, equitativa y progresiva. Se necesita disminuir significativamente los niveles de evasión/elusión, optimizar el uso de los recursos públicos, focalizar aún más los subsidios, fomentar la austeridad. Definitivamente lograr duplicar el presupuesto de educación (condicionante al progreso económico) y de la FGR para que pueda combatir efectivamente la corrupción. Es ineludible además establecer políticas vigorosas que propicien la productividad y competitividad de la economía (pudiendo el sector privado participar de manera activa en este proceso).

Finalmente, dejar a medias el trabajo valiente del fiscal es dejar que los fenómenos de corrupción e impunidad sigan minando el desarrollo social colectivo del país.

Espero que no dejemos a medias estas oportunidades que se nos presentan.

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