El soldado y su nuevo rol

Las celebraciones del Día del Soldado dejaron en evidencia el respaldo que goza la Fuerza Armada de parte de la población salvadoreña, fortalecido por sus actuaciones contra la delincuencia.
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Previamente a la creación de la entidad castrense, el 7 de mayo de 1824 por el general Manuel José Arce, entonces con el grado de coronel –quien fue primer presidente de la República Federal de Centro América–, existió como antecesora la Legión Libertadora del Estado de San Salvador. Curiosamente, ese mismo año, la Carta Magna asignaba en su artículo 7 a nuestro país con el nombre de Estado del Salvador. Situación rectificada en 1915 por el presidente de la República, Carlos Meléndez. Otra coincidencia significó la edición del primer periódico salvadoreño, Semanario Político Mercantil (julio, 1824).

El ejército tuvo una época gestativa, notoria, cuando los militares ganaban jerarquía a sangre y fuego en los campos de batalla. Sobresalieron líderes, como Manuel José Arce, Gerardo Barrios, Francisco Menéndez, Juan Ramón Belloso, Tomás Regalado. En su partida de nacimiento, el ejército se asentó como garante de la integridad de la nación.

Pero los ejércitos del mundo –y El Salvador no es excepción– atraviesan percepciones diversas, según la causa y posición que defiendan; caminan sobre filos de navaja, en líneas cambiantes con el tiempo y fácilmente pueden pasar de héroes a villanos o viceversa, pero en una concepción institucional, son elementos disciplinados y valientes que responden al cumplimiento de fines buenos o malos, según los mandatos de sus superiores.

La Escuela Militar, matriz de la carrera, con orgullo llamada “cuna de valientes”, ha ido creciendo en profesionalismo. Antes las promociones egresaban con el sable de oficial y título de bachiller; ahora lo hacen en calidad de administradores militares y, luego, suman otros estudios: medicina, leyes, ingeniería. Asimismo existen mayores rangos y no hay discriminación de género.

Muchos se preguntan ¿habrá incidido en la disciplina el cambio del antiguo sistema chileno-alemán, más drástico –con el cual simpatizaba el general Maximiliano Hernández Martínez– vigente desde la llegada de instructores chilenos? Algunos militares de aquella época consideran el sistema actual de orientación norteamericana, como más permisivo. De la vieja escuela subsiste, por cierto, el “paso de ganso” y se recuerda la calidad de instructores, como el artillero germano Eberhard Bondster, cuando llegaron modernos obuses (del alemán haubitze). Hubo cambios en los galones o jinetas, otra aplicación para oficiales de estrellas doradas y barras plateadas; nuevo armamento y su manejo y se pasó a una disciplina menor espartana.

Siempre hemos enfatizado la satisfacción de que exmilitares estén como diputados en la Asamblea Legislativa porque su experiencia “ilustra” sobre la materia a políticos “de trinchera”.

La historia pasó la página del presidencialismo militar, salpicado de un anecdotario controversial. Hoy el ejército está más cerca del pueblo y promueve tareas sociales: Acción Cívica, Programa de Protección al Medio Ambiente, con su aporte a colaborar en desastres; imparte cursos de esgrima, computación e inglés a jóvenes civiles. En su relación regional participa en conferencias sobre seguridad centroamericana. Su actual actitud, su tradición y valores, mantienen un mensaje permanente, de contención, para aquellos políticos que persisten en vulnerar el orden democrático y constitucional.

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