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El tema crucial de la inversión debe ser tratado con imparcialidad y con efectividad

El que la inversión ejecutada por entidades públicas no haya cumplido las metas propuestas pone al sector estatal en situación comprometida, que debería ser factor conducente a una nueva forma de hacer política pública, en este y en otros campos.
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Para crecer como se requiere a fin de que el desarrollo tome impulso en todas sus formas es indispensable que la inversión tanto pública como privada adquiera proporciones verdaderamente significativas; y por desgracia eso es lo que no se ha producido en nuestro país desde hace mucho tiempo, por una conjunción de causas que habría que desmenuzar y analizar sin dejar nada en el aire. Cada año miles de jóvenes se suman a las filas de los que demandan oportunidades de empleo para emprender sus vidas productivas, y si tales oportunidades no corresponden a lo que deterioran de manera progresiva. Esto es lo que venimos viendo y padeciendo desde hace mucho, con las consecuencias de desaliento y de malestar que son tan evidentes en todas las esferas nacionales, y que tantos efectos negativos producen.

Según datos oficiales disponibles, la inversión pública programada para el año que acaba de finalizar sufrió en los hechos una falta de cumplimiento a la que hay que prestarle la debida atención, porque no es un signo nuevo y porque indica que a todas luces la eficiencia del trabajo gubernamental deja mucho que desear. El que la inversión ejecutada por entidades públicas no haya cumplido las metas propuestas pone al sector estatal en situación comprometida, que debería ser factor conducente a una nueva forma de hacer política pública, en este y en otros campos. Cuando la ineficiencia se convierte en un mal estructural hay que decidirse a poner en práctica las correcciones pertinentes.

En términos más amplios, el vínculo entre la inversión y el empleo es siempre umbilical; y por ello la dimensión y la calidad de la inversión determinan la dimensión y la calidad del empleo. En el país venimos sufriendo un déficit ya crónico en la accesibilidad al empleo, y esto mantiene las condiciones de vida en situación prácticamente estacionaria, haciendo que la gente se sienta atrapada en un laberinto de carencias e insatisfacciones que no parecen tener escapatoria. Sólo la creación de más y mejores fuentes de trabajo es capaz de darle un giro constructivo a dicha situación, que ya se volvió una plaga nacional.

Estamos, entonces, enfrentados a un desafío que no admite evasivas: el de crecer de veras, activando efectivamente la inversión en sus diversas formas y expresiones, a fin de que la prosperidad se haga presente en todo y para todos. Pero entendamos de una vez por todas que el crecimiento nunca toma real impulso si sólo se le aplican medidas aisladas e iniciativas inconexas; lo que hay que hacer es plantear una plataforma completa de reactivación nacional, con la planificación y el despliegue requeridos. Eso sólo sería factible si se dan los acuerdos políticos sustentadores y se hay una confluencia de todas las fuerzas nacionales, tanto públicas como privadas, hacia las metas previstas.

Los obstáculos y frenos que se vienen presentando en el camino hacia ese objetivo superior resultan de no hacer lo que se debe en los momentos oportunos. Habría que limpiar el ambiente de prejuicios y de resistencias artificiosos, y entrarle de lleno a la productividad y a la competitividad para poner en serio al país es vías de modernización progresista, como debió ser desde siempre.

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