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El tema de las depuraciones institucionales debe ser asumido con la decisión y la responsabilidad del caso

Hay puntos que son más críticos que otros, como decir la Policía Nacional Civil, el Órgano Judicial y las distintas áreas de la gestión municipal; pero en verdad todo el aparato estatal debe mantenerse sano para que el sistema con sus diversos componentes también lo esté.
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Desde hace algún tiempo se vienen ventilando casos de conductas atentatorias contra el buen desempeño institucional en distintas áreas de la administración pública, y ese progresivo destape es una señal elocuente de que en el país hay una creciente tendencia a sanear el sistema, con la correspondiente desactivación de la impunidad y los avances en la lucha contra las variadas formas de corrupción que proliferan en el ambiente. Lo que va quedando cada vez más en evidencia es que esos vicios arraigados no son expresiones casuales o circunstanciales, sino que constituyen prácticas que ya se volvieron comunes, y que al serlo contaminan todo lo que encuentran a su paso, haciendo que el funcionamiento de las instituciones quede a merced de intereses oscuros y de propósitos malsanos.

Lo que tendría que emprenderse cuanto antes es un dinamismo de limpieza institucional en todos los espacios de la gestión pública, para que no se trate simplemente de sacar a la luz casos específicos cuando las evidencias así lo determinen, sino que se pueda contar con un mapa de situación puesto constantemente al día. Hay puntos que son más críticos que otros, como decir la Policía Nacional Civil, el Órgano Judicial y las distintas áreas de la gestión municipal; pero en verdad todo el aparato estatal debe mantenerse sano para que el sistema con sus diversos componentes también lo esté. Porque si bien el esfuerzo depurativo debe ponerle cuidado muy directo e inmediato a lo que ocurre en los ámbitos más sensibles del poder, ya que es ahí donde se incuban las tácticas encubridoras y los mecanismos distractores, no se puede dejar ninguna zona desatendida, porque los vicios arraigan donde pueden y desde ahí se multiplican.

Todo lo anterior está directamente vinculado con el hecho de escoger bien a todos aquellos que tomarán responsabilidades de dirección o de ejecución dentro del accionar público. Hasta el momento, dicha tarea selectiva se ha dejado a disposición de los intereses de partido, de sector o de grupo, y eso ha dado pie a que lleguen a ocupar posiciones aun del más alto relieve en el aparato estatal personas que carecen de idoneidad y de confiabilidad por sus capacidades y por sus trayectorias. Y en estos tiempos en que las infiltraciones delincuenciales han vuelto tan agresivas esto eso es aún más peligroso.

El crimen organizado, que es la fuerza emergente de mayor impacto destructivo en el escenario nacional, ya está probado que no respeta límites de ninguna índole, lo cual pone a la institucionalidad en su conjunto ante un desafío mayor que puede definir la supervivencia del orden establecido. El mantener la limpieza y la depuración constantemente activas se vuelve entonces una función decisiva al máximo. Y tanto la limpieza como la depuración deben hacerse en forma metódica y sin tapujos ni evasivas. Lo que está en juego es la suerte de la nación y de su orden institucional en pleno.

Se espera que los relevos que se empezaron a dar ya en los Órganos superiores de la estructura gubernamental traigan nuevos enfoques y nuevos esquemas sobre el mantenimiento de la sanidad de dicha estructura. Esto debe ser visto como prioridad.
 

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