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El tema de las oportunidades se vuelve cada día más presionante en una situación nacional que afronta grandes desafíos

Ayer se celebró el Día del Maestro, y entre otros puntos vitales hay que reconsiderar el rol de la enseñanza, que siempre tendrá como componente nuclear la relación maestro-alumno. Rehabilitar la formación docente desde sus raíces es, sin duda, un factor decisivo dentro de toda esta temática.
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En el ambiente salvadoreño actual, una de las carencias más desalentadoras y erosivas es la que se refiere a la falta de un esquema de oportunidades para progresar desarrollando proyectos de vida en prácticamente todos los niveles de la estructura social, y de manera muy específica en los estratos menos favorecidos de la población. Esta falta no es de hoy, pero se ha venido acrecentando en el tiempo en la medida que las condiciones de vida se deterioran y que los trastornos de la realidad cotidiana se incrementan. Factores como la desintegración familiar, la expansión de las fuerzas del crimen y la falta de un esquema productivo verdaderamente funcional y progresivo se hacen sentir cada vez con mayor impacto.

Aunque todos los problemas principales que padecemos son graves y demandantes, la problemática de la violencia criminal es la que acapara más atención en el diario vivir porque la seguridad y la supervivencia son las que están directamente en juego. Sin embargo, como tantas veces se ha repetido, sólo un tratamiento integral de los problemas hará que las cosas empiecen a funcionar en la forma debida y requerida. Y en lo que particularmente tiene que ver con la lucha contra el crimen, se hace cada vez más notorio que no basta la efectiva represión del mismo y que hay que activar mecanismos de prevención que realmente se hagan valer como tales.

El tema prevención va íntimamente vinculado con el tema oportunidades. Ante la gravedad de lo que pasa, se están activando las llamadas “medidas extraordinarias”, que se proponen desplegar un control más eficiente de la situación. Y dentro de tales “medidas” empiezan a aparecer algunas dirigidas a la prevención. En esa línea, las autoridades gubernamentales han anunciado un proyecto de apoyo temporal para la formación y la empleabilidad de un cierto número de jóvenes que están entre los muchos que ni estudian ni trabajan, es decir los que hoy se engloban en un nuevo calificativo: “nini”. Esto debería ser considerado y tratado como un plan piloto, para calibrar la efectividad posible de medidas de este tipo y de esta dimensión en las circunstancias del presente, porque lo que hay que garantizar es que no se siga repitiendo más de lo mismo: medidas de coyuntura que luego se esfuman sin pena ni gloria.

En realidad, lo que estamos necesitando en el país es estructurar y desplegar todo un sistema de oportunidades que esté directamente conectado con una auténtica productividad en marcha y con una competitividad que asegure la vitalidad del proceso. Y uno de los elementos claves de dicho sistema es la educación puesta al día en todos los sentidos. Ayer se celebró el Día del Maestro, y entre otros puntos vitales hay que reconsiderar el rol de la enseñanza, que siempre tendrá como componente nuclear la relación maestro-alumno. Rehabilitar la formación docente desde sus raíces es, sin duda, un factor decisivo dentro de toda esta temática.

El país tiene que ser un vivero de oportunidades para poder operar como un huerto de realizaciones. Todos debemos hacernos partícipes de dicha tarea. Y al respecto, hay que evitar todo coyunturalismo interesado para pasar en forma seria y responsable al ámbito de los compromisos consistentes, que es de donde pueden surgir las nuevas realidades que nos permitirán progresar en forma.

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