Lo más visto

El tema de los migrantes se ha ido volviendo cada vez más crispado en un mundo que al mismo tiempo se globaliza

La persecución implacable y la retórica ofensiva están a la orden del día, y eso hace que también se alcen voces dentro de Estados Unidos para tratar el caso de una manera racional y respetuosa.
Enlace copiado
El tema de los migrantes se ha ido volviendo cada vez más crispado en un mundo que al mismo tiempo se globaliza

El tema de los migrantes se ha ido volviendo cada vez más crispado en un mundo que al mismo tiempo se globaliza

Enlace copiado

La globalización es un fenómeno evolutivo que propicia la apertura de todo tipo de fronteras, y dicho fenómeno está directamente vinculado con la intensidad creciente de los flujos migratorios desde las zonas menos desarrolladas y más peligrosas hacia las áreas donde hay más seguridad y mejores condiciones de desarrollo. Esto es hoy una tendencia histórica, que no se va a detener ni siquiera a controlar con medidas de fuerza, con decisiones institucionales agresivas ni con ataques retóricos. Es cierto que todos los países tienen pleno derecho a defender su legalidad y a proteger sus espacios propios, pero eso debe hacerse de acuerdo con la lógica de los tiempos y tomando en cuenta las orientaciones que provee la misma realidad.

El Salvador ha sido siempre país de emigración, por las características de nuestra configuración nacional; y aunque las situaciones sucesivas se vayan modificando, la tendencia migratoria se mantiene. Esto se ha visto incrementado por la dinámica de los tiempos que corren, que también incide en la configuración del esquema migratorio. Antes, como hemos señalado tantas veces, los emigrantes iban a desaparecer como tales en sus lugares de destino; hoy, van a emerger como tales en dichos lugares, haciendo que se incorporen a sus nuevas formas de vida sin perder los vínculos con su pasado originario. Los salvadoreños migrantes son una muestra viva de ello. Y esto se enfatiza porque los que emigran casi siempre lo hacen para mejorar sus propias condiciones de vida por medio del trabajo y de la superación personal.

La principal corriente migratoria de nuestros países centroamericanos y de México va hacia Estados Unidos, por razones perfectamente entendibles; pero allá lo que ha venido creciendo, en abierto contraste con la realidad, es el rechazo visceral a la inmigración, que hoy se grafica de manera dramática con la actitud del Gobierno estadounidense y muy en particular de su Presidente. La persecución implacable y la retórica ofensiva están a la orden del día, y eso hace que también se alcen voces dentro de Estados Unidos para tratar el caso de una manera racional y respetuosa. Así vemos cómo los presidentes de las Universidades de Harvard y de Princeton, que están en la primera línea de la educación superior en Estados Unidos y en el mundo, acaban de urgir al Congreso de dicho país para que legisle en protección a los beneficiados del TPS, entre los que hay 190,000 salvadoreños. Y dichos líderes universitarios explican con gran sensatez: “Los beneficiarios de este programa lo han usado correctamente: han encontrado trabajos, comprado casas, empezado familias y se han convertido en miembros productivos de nuestras comunidades...”.

Habría que hacer todo lo necesario para que la buena razón se imponga sobre la mala retórica. En un país como Estados Unidos, que ha sido tradicionalmente ejemplo de democracia bien vivida, el que hoy se estén dando muestras tan irracionales de repudio racista y de violencia implacable tiene que llamar a la reflexión de todos sobre lo que hay ahora y sobre lo que podría venir de no cambiar actitudes y propósitos. Si bien es cierto que hay que hacer que la legalidad impere, eso se tiene que lograr con voluntad humanista de amplio alcance en un mundo que ya no admite trincheras intocables de ninguna índole.

Lee también

Comentarios