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El tiempo es oro

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David Escobar Galindo / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Cada amanecer es un arribo y cada anochecer es una víspera. Lo primero que tendríamos que entender y valorar los seres humanos es nuestra íntima alianza con el tiempo. Cada día es, entonces, un viaje circular que funciona como anticipo del día que sigue; y así se va formando la espiral de la existencia, desde el primer minuto hasta el último.

Aunque al respecto le hemos asignado al azar una categoría definitoria que en verdad no tiene, lo cierto es que cada uno de nosotros lleva el timón de su propio desarrollo; todo depende de qué clase de timonel se quiera ser para definir lo que tenemos y lo que nos espera. Lo cómodo es pensar que el destino manda y que el azar decide.

Lo real es asumir la tarea propia e indelegable de hacer que la vida individual vaya configurándose conforme a propósitos y a decisiones. Cuando se dice, en frase común, que el tiempo es oro lo que se debería querer decir es que la verdadera riqueza está en el manejo inteligente y productivo del tiempo. Inteligente en el sentido de visionario; productivo en el sentido de autorrealizador.

La educación en todas sus expresiones, desde el primer respiro hasta el último suspiro, tendría que ser una lección constante e imaginativa del poder vivificante del tiempo.

Ni un solo minuto debe quedar ahí, convertido en basura existencial. Cada minuto tiene que ser una semilla inspirada. Y si queremos arribar de veras a la eternidad prometida es preciso hacer que la espiral de la existencia presente ascienda sin descanso.

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