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El trabajo del maestro

No es fácil en estos tiempos que un hijo le diga a su padre: “Yo quiero ser maestro”. Lo primero que se piensa es en la delincuencia que deben enfrentar los formadores, los maestros; sin embargo, al que tiene el don de enseñar no le importarán las vicisitudes en el camino.
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El verdadero maestro es el que no solo llega a enseñar al aula, es el que también aconseja y forja la personalidad. El profesor sigue siendo un referente en la sociedad. Tiene que dar el ejemplo para poder así pulir a los que un día se convertirán en personas de bien.

Parafraseando al maestro de maestros Alberto Masferrer: “Tal como la vida se halla organizada en nuestros tiempos, un pueblo analfabeto será, sin remedio, el esclavo de un grupo de perversos de su propio suelo, o la presa fácil de cualquiera nación poderosa que desee absorberlo o dominarlo”. El Ministerio de Educación lleva una campaña de eliminar a los analfabetas; sin embargo, es de analizar hasta qué punto se podrá llegar con ese proyecto.

Recordemos que cada año cientos de alumnos desertan, se marchan de las escuelas y emigran a otros países. Razones son muchas. En ese momento es en donde está la verdadera misión del que tiene la batuta en el aula, no importa el nivel de enseñanza. Hasta el maestro de educación superior debe ser consciente en aconsejar a los futuros profesionales. Ese modelaje inicia desde muy temprana edad. En una ocasión Alfredo Betancourt dejó una tarea a sus alumnos en la extinta Escuela Alberto Masferrer: “Empezad primero por conocer al niño, pues de seguro no lo conocéis”.

Maestros hay de todo tipo, los que dictan o imparten un tema, los que explican y los que hacen pensar y analizar a los discentes. Que cada quien realice un examen de conciencia cuál es su rol. Paulo Freire manifestó: “Es necesario desarrollar una pedagogía de la pregunta. Siempre estamos escuchando una pedagogía de la respuesta. Los profesores contestan a preguntas que los alumnos no han hecho”.

Yo me quedo con hacer que los alumnos analicen, no importa la asignatura o la temática. Siguiendo con el pensamiento de Freire: “El estudio no se mide por el número de páginas leídas en una noche, ni por la cantidad de libros leídos en un semestre. Estudiar no es un acto de consumir ideas, sino de crearlas y recrearlas”. Esto hace denotar que se debe enseñar a los alumnos a pensar, a salir de su zona de confort, a asumir los riesgos de una sociedad cada vez más corrompida y escasa de valores. En la actualidad el maestro y la sociedad del conocimiento se complementan.

No es fácil en un mundo cambiante, un mundo en donde nos encontramos hasta con robots dictando o impartiendo cursos on line. ¿Desaparecerán los maestros? No. Lo que sí es necesario que el maestro se capacite en un mundo versátil con la pedagogía.

Entonces ¿quiénes desean ser maestros? No es fácil la respuesta. Son miles de maestros los que tienen que estar en constante preparación, no importa si son de parvularia o de universidad. Los verdaderos maestros tienen que saber que esta profesión muchas veces se hace ad honorem; sin embargo, forjarán a futuros profesionales del mañana quienes dejarán huella.

El trabajo del maestro es orientar a los alumnos a que encuentren su propio camino y forjen su futuro. Ese trabajo inicia en el hogar, y es en la escuela donde se aprenden otros saberes. No existe un maestro ideal; sin embargo, el que desea ser ejemplo debe ser: ético, ser exigente y motivar a producir conocimiento, utilizar lenguaje sencillo y explícito, enseñar a aplicar la teoría a la práctica, etcétera. No es fácil dedicarse a la tarea de moldear carácter y disciplina.
 

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