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El tráfico: fuente de contrariedad y muerte

Es difícil entender por qué las autoridades o funcionarios públicos, que por ley han jurado cumplir con la Constitución, no lo hacen. El art. 2 de la Constitución reza:
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“Toda persona tiene derecho a la vida, a la integridad física y moral, a la libertad, a la seguridad, al trabajo, a la propiedad y posesión y a ser protegidos en la conservación y defensa de los mismos...”. El art. 235 refiriéndose a la responsabilidad de los funcionarios públicos dice: “...cumplir y hacer cumplir la Constitución, ateniéndose a su texto cualesquiera que fueren las leyes, decretos, ordenes o resoluciones que la contraríen, prometiendo además, el exacto cumplimiento de los deberes que el cargo le imponga, por cuya infracción será responsable conforme a las leyes”.

Este tema del tráfico lo he abordado en varias ocasiones en este espacio, porque lo considero una preocupación ciudadana, que parte de las arbitrariedades y abusos que se observan día a día en todo el país. Se trata de pérdidas materiales y económicas, muerte y dolor en cientos de familias. No de campañas mediáticas antigubernamentales.

En 2014 por ejemplo se contabilizaron 10,236 lesionados, 1,049 fallecidos con un total de 23,599 accidentes. Para 2015: 9,470 lesionados, 1,134 fallecidos y 22,281 accidentes.

De enero a mayo de 2016: 519 fallecidos y 4,161 lesionados, es decir, más de 4 salvadoreños fallecieron diariamente y 35 resultaron lesionados. En mayoría jóvenes y adultos en la flor de su vida. Estas son cifras del Viceministerio de Transporte, sin incluir otros accidentes que no se reportan y contabilizan. Decíamos que en salud hasta abril de 2016 se gastaron $1,204,720.00 con un promedio diario de $814.00.

Otro dato recurrente es que las causas más frecuentes son: distracción del conductor, velocidad inadecuada, invadir el carril contrario, imprudencia del peatón y estado de ebriedad. Todo falta del conductor en el manejo del vehículo y falla de atención en la prevención de quienes dirigen el sistema vial.

Desde mi perspectiva, estos datos reflejan un problema social real y concreto: agresividad, intolerancia, irrespeto; son secuelas de una división y antagonismo social del conflicto armado que todavía persiste, que está presente en la convivencia diaria y es alimentada permanentemente. Creo que es tiempo suficiente para desmontar el odio y la beligerancia, practicar el respeto al otro, la tolerancia basada en la equidad y en la justicia. No la agresividad y la prepotencia de unos contra otros. Practicar valores positivos debería de formar parte de los currículum de las escuelas de manejo, así como corregir la inoperancia y falta de visión en la misión y operatividad de la Policía de Tránsito.

Es tiempo de construir y la experiencia nos indica que los ciudadanos debemos participar en corregir la situación. Debemos ser amables al conducir, pero no fomentar el desorden: si alguien viola las reglas por ejemplo para incorporarse a un carril, no se lo permita, que aprenda que debe seguir el orden acostumbrado que le corresponde. Debemos ordenarnos y respetarnos entre nosotros.

Por último, es necesario un plan estratégico integral con énfasis en una Policía de Tránsito renovada, en consonancia con una ciudad moderna con bellas autopistas y tráfico intenso. Que tanto el turista como el nativo sientan confianza. Un policía de Tránsito distinguido, afable; pero drástico en el cumplimiento de sus funciones. Honesto, educado, preparado para nuevos retos en la modernidad de nuestras ciudades. Un policía del nuevo siglo con instrucción y herramientas tecnológicas innovadoras, que permitan monitorear y controlar el tráfico vehicular y estar presto para auxiliar y corregir las fallas del sistema. Ojalá que así sea.

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