El tráfico, tránsito y convivencia social

Una mañana de estas, saliendo de la colonia donde vivo, me integré a la calle principal con la precaución que acostumbro y dando las señales correspondientes entré en la vía principal y al momento, un tipo conduciendo un vehículo todoterreno pasó a escasos centímetros haciendo bambolear mi vehículo.
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No muy lejos, a menos de 300 metros, me lo encontré haciendo fila por la densidad de tráfico de esa hora, pero rompió la fila y formó una tercera arrastrando con su ejemplo a otros. Nunca le vi utilizar señales de tránsito, manuales o eléctricas con su vehículo.

Esto es solo uno de los miles de incidentes que suceden a diario en las calles de San Salvador y del país.

¿Qué podemos deducir de este ejemplo? Uno, que no hay un control de la Policía de Tránsito en la mayoría de los centros de congestionamiento o en arterias de tráfico vehicular. Dos, los motoristas irrespetan las normas de tránsito, violan las señales y su actitud es agresiva e inconsciente. En otras palabras debe decirse que la Policía de Tránsito no cumple con sus funciones y que la educación vial es ineficiente.

Funcionarios del gobierno expresan que hay una forma integral de abordar el problema que causa cientos de muertes, millonarios gastos en atención de salud, luto y dolor en las familias. Sin embargo, la realidad diaria es como anteriormente lo expreso: no hay policías de tránsito estableciendo el orden y aplicando la ley, lo que estimula el desorden y la impunidad, de los que se creen más fuertes y osados.

¿No estarán siendo acreedores los miembros de este departamento a una sanción de la inspectoría de la PNC por incumplimiento de su labor?

El caso de la educación vial es todavía más penoso. Cualquier tipo puede obtener su licencia de conducir, sin mayores conocimientos de las leyes y reglamentos de tránsito, a lo mejor puede manejar el volante, pero no sabe o no aplica las señales, irrespeta abusivamente las más elementales normas. La verdad no conoce y no puede conducir y conducirse. La deficiente educación de las escuelas privadas es solamente un pingue negocio.

¿Quién controla, evalúa y monitorea la eficiencia, eficacia y metodología aplicada por estas empresas. ¿El evaluador es tan deficiente que no se da cuenta de lo que sucede, o se hace el desentendido o es socio o partícipe en el negocio este?

Pienso que hay necesidad de elaborar una estrategia integral, por supuesto y que todos participen, pero aseguro que si la policía fuera eficiente en las funciones que les corresponden e impone el orden en las paradas de buses, en las vías de congestionamiento y aplica realmente el reglamento, no a los vehículos, sino a los conductores, creo que ayudarían a incrementar con su acción a que sea más sustanciosos el bono que están pidiendo los agentes de la PNC.

Y por el lado de las escuelas de manejo y tramitadoras, el Estado debería de abogar por proteger los derechos de los ciudadanos, sensibilizando y haciendo conciencia de la responsabilidad de estas empresas. El manejar es una responsabilidad y un instrumento para nuestras labores diarias o familiares.

Hay muchos enfoques para ver este problema y en el fondo la situación radica en lo aquí planteado. Refutarán y dirán cualquier cosa, opinión técnica, científica, innovadora, pero la realidad de todos los días y a la vista de todos, es comprobable.

¿Sencillo, verdad? Sin tanta vuelta, que cumplan con sus funciones. Cientos de madres, esposa e hijas de tanto fallecido o accidentado lo agradecerán y la patria les premiará por el deber cumplido.

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  • trafico vehicular
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