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El transporte público debe evolucionar

Las calles de El Salvador están llenas de carros. Y en estos días de diciembre es un tormento aventurarse a cualquier hora de la jornada laboral por cualquier punto de la capital y sus alrededores. Hay desorden, prepotencia y mucha falta de cultura vial. Una de las peores cosas que puede pasar en esos momentos es ser cubierto por nubes negras de diésel mal quemado por buses de dos o tres décadas.

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Luis Laínez

Luis Laínez

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Los pasajeros lo sufren desde antes de subirse, con la estela de humo que otros buses dejan, pero impregnado en sus ropas. Las unidades están en mal estado y no es raro que incluso los usuarios sufran heridas por latas saltadas, asientos con hierros salidos o pasamanos mohosos.

Los dueños de buses saldrán a decir que la mayoría de los accidentes los provocan automovilistas particulares. No deja de ser cierto. Es algo en lo que como sociedad debemos trabajar (ser más tolerantes, no mezclar alcohol y el volante, manejar con más cuidado y menos rápido). Pero cuando se trata de buses hablamos de un sector que recibe fondos públicos y que trata mal a sus clientes.

El viernes, los diputados acordaron una nueva prórroga a la entrega del subsidio. Pero decidieron dejar la aprobación final hasta mañana. Mientras más tiempo pasa, más posibilidades es que el lobby de los buseros termine eliminando las condiciones que, por fin, empezaron a esbozarse como un esfuerzo para que el sector se modernice.

El Salvador estaría menor con un sistema de transporte público realmente moderno. Que sea sencillo de usar, seguro, limpio y ordenado. Lo que nos prometieron que sería el SITRAMSS si estuviera a gran escala, pero que no se logró por los vicios de origen que no dejaron que el modelo funcionaria como debería.

Buena parte de la desgracia del transporte público tiene que ver con la atomización de la propiedad. En lugar de tener empresas fuertes, sólidas y respetuosas de las leyes y de los usuarios tenemos una miríada de "empresarios" que buscan, a codazo limpio, hacerse de un espacio. Y mientras el sistema sea así no tendremos mejoras. Un particular no puede hacer las inversiones que se requieren para tener un sistema público de calidad. Esas son palabras mayores, reservadas para grandes empresas y estados. Y el gobierno debe garantizar que el transporte sea un derecho, evitando abusos o que se vuelva inaccesible.

Estamos en un buen momento para repensarlo y diseñarlo para ejecutar a mediano y corto plazo.

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