El triunfo de las víctimas

Lo acontecido en el estado de Alabama la semana pasada puede significar un giro importante en la historia reciente de Estados Unidos. El candidato republicano a senador por ese estado y respaldado totalmente por el presidente Trump –sin duda porque un triunfo de aquel significaba para este una cierta garantía de que sus decisiones, como la deportación masiva, encontrarían menos escollos en las instancias legislativas– fue derrotado sorpresivamente por su adversario demócrata.

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Juan Héctor Vidal / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Contra todo pronóstico, la diferencia la hicieron las mujeres. Esos seres valientes que siguiendo la consigna del “Me too” se atrevieron a denunciar los abusos sexuales de que fueron objeto cuando ellas eran unas adolescentes, de parte de un personaje con un oscuro pasado en la función pública. Pero este es solo un caso. El número de víctimas crece cada día, comprometiendo al mundo del espectáculo, pasando por el de la política y hasta el de la alta tecnología, incluyendo personajes considerados como semidioses. Estos personajes, lo menos que merecen, es el calificativo de salvajes.

Hay suficiente evidencia de que estos comportamientos inhumanos no respetan ideologías, estatus, ni religión. El propio presidente de Estados Unidos ha sido señalado por los mismos excesos; la diferencia estriba en que se trata de la persona más poderosa del mundo y en el hecho de que durante su campaña salieron a luz varias denuncias que están cobrando nuevamente actualidad. El Vaticano también ha sido señalado por permitir prácticas de pedofilia y pederastia, y aquí cerca, el caso de un arzobispo mexicano y un monseñor salvadoreño lo confirman. Pero la marejada sigue.

Justamente un día después del episodio de Alabama, apareció en LPG una noticia relacionada con el tema. Esta alude a la habilitación del registro de violadores después de una demora de 11 meses, agregando que de los 40,608 condenados que se encuentran guardando prisión, 2,730 (6.7 %) están recluidos por violación. Aquí surge la pregunta: ¿A cuánto ascenderá el número de estos seres despreciables que no han sido llevados a juicio o no han sido denunciados por sus víctimas por temor a represalias? Por los mismos días continuaba el juicio contra la red de prostitución de menores descubierta en 2014 y que solo fue investigada a medias por el ex fiscal general.

En nuestro caso, donde la aplicación de la justicia todavía es muy débil, al extremo que algunos la consideran corrupta, el desafío es enorme, más aún si se consideran otros delitos escandalosos que se le están escapando a la FGR. Pero en el caso de Estados Unidos, un solo escaño ganado por un demócrata gracias a las voces de aquellas valerosas mujeres que se están atreviendo puede hacer milagros: favorecer a nuestros compatriotas y llevar más tranquilidad al mundo entero.

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