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El turno del presidente

A pesar de la desastrosa situación que vivimos en casi todos los ámbitos del país, endeudados
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A pesar de la desastrosa situación que vivimos en casi todos los ámbitos del país, endeudados, ilíquidos, con bajo crecimiento y pérdida de empleos por ideas geniales como la del salario mínimo en forma ilegítima y mal hecha, adicionando los constantes desvaríos en declaraciones públicas de altos voceros del partido, y las constantes invenciones poco inteligentes que se dan en diferentes carteras de Estado y autónomas, que en vez de ayudar a las pocas iniciativas privadas importantes que se están dando resultan en obstáculos injustificados y diría yo la mayoría de las veces no por resentimiento sino por falta de conocimiento.

Pero el presidente Sánchez Cerén lo es de todos los salvadoreños y no solo del FMLN, tiene la obligación y la oportunidad de hacer algunas cosas bien, en los dos años y medio que le quedan, como líder del país, no como miembro de la cúpula partidaria del Frente. Su legado como alzado en armas por la causa que creía lo escribió durante un par de décadas, con capítulos oscuros como el relacionado con las masacres de Mato Sibrián, la última página en Chapultepec. Su legado como político hasta hoy más de una década como diputado, en una fracción obediente y disciplinada en que poco se puede destacar individualmente, seguidos por 5 años como vicepresidente de Funes, el peor gobierno que hemos tenido nunca, sin protagonismo público marcado a propósito o porque así es generalmente la labor de los vicepresidentes. Ese legado aunque él no haya sido protagonista directo lo acompaña, en el entendimiento popular no se concibe que un vicepresidente no esté al menos informado de lo bueno y lo malo que sucede en su gobierno.

La primera parte de su mandato, los dos últimos años y medio han sido muy mal evaluados por la población según todas las encuestas y la evaluación de resultados en números fríos respalda esa evaluación en economía, endeudamiento, educación, servicios básicos, impago, aunque en violencia hay resultados son opacados por la propaganda del buen vivir, obras públicas de opaco otorgamiento, SITRAMSS más el caos vehicular que producen obras mal planeadas, huelgas... podemos decir mucho más, pero de eso se ocupan los medios todos los días.

Pero el presidente está a la mitad de su período, aún tiene tiempo para dar vuelta a la página y aunque no podrá corregir todo, muy bien puede ponerse la capa de presidente, ejercer un liderazgo que no ha ejercido a la fecha, su gobierno carece de una dirección unificada y un rumbo común, más bien se percibe una serie de feudos en los que mandan unos, no siempre en la misma dirección, ni coherencia con otras iniciativas de gobierno y mucha interferencia del partido, si bien entendemos que son disciplinados en partido, el presidente de la república es él y o no ha realizado el enorme poder que tiene un presidente o ha decidido no usarlo. Esto no aguanta más.

Hoy es el turno del presidente de ejercer un liderazgo vigoroso y alinear a su equipo en una sola dirección escogiendo áreas clave, la economía y la inversión y creación de empleo. Tiene buena gente a la que no dejan actuar, tiene que hacer necesariamente algunos cambios, al tope de la lista los que estorban y detienen todo, no producen nada y a quienes no se alineen y crean que su feudo puede seguir sin coordinación con equipo de gobierno y a algunos funcionarios que simplemente no han funcionado, no importa qué tan leales sean a los colores ni cuánta cercanía tengan con la dirección del partido.

Es su turno, presidente, no tiene nada más que escalar, de aquí va a la historia que puede recordarlo bien si reacciona en el poco tiempo que le queda. Recurra a propios y gente de fuera, no se limite.

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