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El valor del trabajo público

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Óscar Rubén Zelaya L. Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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El aparato gubernamental de nuestro país lo componen tres grandes poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, como en toda labor productiva cada uno tiene funciones específicas para su ordenamiento y cumplir sus objetivos, por lo tanto quienes son responsables de la dirección tienen que ser personas capacitadas para sus respectivos cargos, desde la cabeza dirigente hasta los bajos estratos, en nuestro medio a los más altos niveles se les llama “políticos”, aun cuando muchos desconocen el concepto de la palabra y su origen, una de sus acepciones es “arte o traza con que se conduce un asunto o se emplean los medios para alcanzar un fin determinado” y reza para toda actividad empresarial, gubernamental o personal; otra indica “arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados”; la tercera “cortesía y buen modo de portarse” y la más conocida “actividad de los que rigen o aspiran a regir los asuntos públicos”, todas según el Diccionario de la Real Academia Española.

La tergiversación o degeneración que se da a los términos anteriores por los sectores que solo desean gobernar nuestros pequeños países, la administración de los entes que dominan el sistema estatal, es darse el lujo de estar sentados al frente del poder y la oportunidad para ellos, a los grupos afines que pretenden favorecerse económicamente, dejando por fuera el futuro desarrollo de la Nación y consecuentemente la buena dirección; afortunadamente, en las posiciones de elección popular ya está cambiando su accionar y el 4 de marzo dio su primera señal de reacción y los encargados de la preselección de candidatos (partidos políticos) ya están “poniendo sus barbas en remojo”, tratando de buscar elementos con mayor capacidad profesional. Eso es bueno.

En cuanto a remuneraciones o compensación por los servicios y manejo de fondos públicos, que es la motivación para muchos que tienden aspirar a mandar, aún debe regularse más, no se trata de comparar con lo de otros países, pues el dólar tiene diferente poder adquisitivo de una a otra región del mundo con base en su desarrollo económico, costo de vida y otros, tiene que referirse a nuestra propia situación, un dólar puede comprar más en un país pobre que en un rico, no vale lo mismo en Estados Unidos que en Europa, África, Sur o Centroamérica.

Por otra parte, existen altos cargos que además de ser importantes por la responsabilidad en la proyección, protección y administración de los intereses nacionales y por otra el honor o privilegio que les corresponde, deberían ser por colaboración voluntaria como demostración patriótica en la entrega de sus conocimientos en favor del Estado, no del gobierno, por lo que la compensación varía ya sea en salarios o “dietas” por cada participación periódica, en el caso de los señores diputados, un tanto confuso por cuanto muchos de ellos no tienen horarios definidos que cumplir por obligación, no asisten a todas las sesiones de comités o plenarias, si bien se puede regular una parte básica por su función controlada y otra por asistencia a las reuniones, como ejemplo: igual sería con magistrados de las Cortes (de Cuentas y de Justicia), desde luego si se pretende ser justos y probos con los dineros públicos.

Esperamos que las nuevas autoridades electas y por elegir realicen los cambios prometidos con personal adecuado para reformar funciones y legislar en favor de una mejor tramitación de los servicios públicos, buscando el desarrollo operativo económico, financiero, judicial y de protección ciudadana.

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