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El vaso que nunca se llena

La corrupción debilita la capacidad de los gobiernos de ayudar a sus ciudadanos y socava la confianza de los ciudadanos en su gobierno. O, como dijo el secretario de Estado, John Kerry: “La corrupción alimenta la inestabilidad al erosionar la confianza entre el pueblo y su gobierno”.
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Todos sabemos lo que ocurre cuando intentamos llenar con agua un vaso que tiene agujeros, ya sean grandes o pequeños o una combinación de ambos. Es ilusorio pensar que en algún momento el vaso se llenará si seguimos poniéndole agua.

Considerando esta metáfora como premisa, se puede decir que en El Salvador es prácticamente imposible tener una conversación productiva sobre crecimiento económico sin abordar y resolver el desafío que plantea la corrupción.

La corrupción representa los agujeros, grandes o pequeños, en el vaso que es el desarrollo económico. Y cuanta más agua o, en este caso, cuanto más dinero destinamos a potenciar el desarrollo económico sin resolver el problema de la corrupción, lo que ocurre es lo que hemos visto: más agujeros aparecen, porque hay más gente interesada en hacer nuevos agujeros y los que ya existían simplemente se hacen más grandes y alarmantes.

Pero también, porque quienes están robando esos fondos y destinándolos para su propio provecho, en vez de usarlos para los destinos previstos, asumen que nadie está haciendo nada o que nadie puede hacer nada para evitar que esto ocurra.

El resultado, inevitablemente, es siempre el mismo: la corrupción debilita la capacidad de los gobiernos de ayudar a sus ciudadanos y socava la confianza de los ciudadanos en su gobierno. O, como dijo el secretario de Estado, John Kerry: “La corrupción alimenta la inestabilidad al erosionar la confianza entre el pueblo y su gobierno”.

Como ciudadanos de países democráticos debemos exigir transparencia de todo el espectro de la sociedad, del sector público, pero también del privado, de la sociedad civil y los sectores políticos.

Por eso, el cambio fundamental que tenemos que lograr para concretar el crecimiento económico es tapar los agujeros que ya existen y prevenir que aparezcan nuevos. Esto les devolverá a los gobiernos la capacidad de actuar en favor de los ciudadanos.

El Salvador es un país con un gran potencial. Y como embajadora de los Estados Unidos en El Salvador, estoy comprometida con el fortalecimiento de los lazos entre nuestros dos países y con apalancar a los salvadoreños con los recursos y la experiencia de Estados Unidos para que puedan construir un El Salvador más próspero.

Pero también estoy comprometida con garantizar que los fondos que provienen de los contribuyentes de los Estados Unidos generen el impacto que esperamos y que no se desperdicien subsidiando las ineficiencias que la corrupción genera.

Los fondos que como socios aportamos no pueden ni deben cubrir el faltante que la corrupción se lleva. Imaginemos el impacto que la cooperación internacional podría tener si todos los recursos en el país, propios y ajenos, se invirtieran eficientemente. Imaginemos que todo ese dinero se dedicara a la educación, a los hospitales, a la seguridad, que son las áreas donde realmente se necesita.

Por otra parte, la corrupción desincentiva cambios necesarios para que crezca la actividad económica, como la formalización de los pequeños empresarios. Es claro que cuando no hay confianza en el sistema debido a la corrupción, es casi imposible convencer al 72% de las personas que operan en el sector informal de que vale la pena pasar a la formalidad.

La corrupción en todas sus formas es un elemento destructivo para cualquier sociedad y socava nuestros esfuerzos conjuntos en favor de los salvadoreños.

La corrupción es un problema que afecta a todos los ciudadanos y no tiene partido político, pero cada vez queda más claro que las prácticas corruptas del pasado y del presente no pueden seguir ocultas.

En ese sentido, durante los últimos años, se han generado importantes pasos para incrementar la transparencia y la rendición de cuentas en El Salvador.

Ahora hay sistemas de anticorrupción y regulaciones más modernas y efectivas y una ley de acceso a la información pública que ayudan en la prevención, detección y sanción de prácticas corruptas, así como organizaciones de la sociedad civil que denuncian actos indebidos y monitorean la correcta aplicación de las leyes.

El país ha hecho avances, pero aún queda mucho por hacer. Es urgente en este momento que las señales sobre el compromiso con la lucha contra la corrupción provengan de todos los poderes y de todos los sectores.

Al conmemorar en El Salvador el Día Internacional contra la Corrupción, invito a todos los salvadoreños que están trabajando por un futuro mejor a que renueven su compromiso con la lucha contra la corrupción y con el deber de construir una sociedad más justa y transparente. Estados Unidos está de su lado para apoyar estos esfuerzos. Empecemos a cerrar los agujeros y a llenar el vaso de El Salvador.

Tags:

  • corrupcion
  • crecimiento
  • informalidad
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