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El vicio de la corrupción

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Patricia Valdivieso

Patricia Valdivieso

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Está comprobado que el capitalismo es el sistema más exitoso, el que ofrece la mejor calidad de vida a los ciudadanos de un país, el que incentiva la creatividad del individuo, fomenta la competencia, respeta las libertades individuales y la propiedad y crea riqueza para los pueblos, entre otras virtudes. Y entonces ¿por qué crece la corriente anti-capitalista en Latinoamérica? Para mí, uno de los principales motivos es el vicio de la corrupción.

En el informe de Transparencia Internacional denominado "Las personas y la corrupción: América Latina y el Caribe" se concluyó que 1 de cada 3 personas en la región pagó algún soborno durante 2018. No hablamos de un estudio exclusivo en las grandes esferas de la política, ni de millones de dólares en una sola transacción; sino de ciudadanos comunes, de empleados, obreros, empresarios, jefes de familia, estudiantes, usuarios de servicios públicos que decidieron pagar "bajo de agua" por un beneficio como la adquisición de documentos de identidad, atención en un hospital, a un policía, en tribunales...

Sí, pagaron extra a corruptos para evitar procesos engorrosos, para evitar una esquela, para ser atendidos más rápido, para evitar una condena, y así la lista continúa. Por muy pequeño que haya sido el monto erogado lo que pagó es un soborno, cometió una ilegalidad y –pagando por el "servicio extra"– se convirtió en corruptor. Este círculo vicioso es el que empobrece cada vez más a nuestros países. No es el capitalismo, es la corrupción.

Esta misma práctica, para algunos insignificante, se da también en "las grandes ligas" donde se paga con costosos regalos los favores recibidos, donde hay acuerdos bajo la mesa, donde se favorece a malos salvadoreños a cambio de un diezmo o una comisión, se hacen bases de licitación arregladas para descartar a unos y favorecer a otros, se dejan de lado las necesidades primordiales de los salvadoreños por cumplir con compromisos adquiridos para favorecer a unos cuantos, se condena a las víctimas para defender al victimario, se absuelve a culpables, se condena a inocentes, se ceden los principios, se olvidan los valores... se entrega el país.

Todos los salvadoreños nos quejamos de la corrupción, del abuso de poder y la falta de justicia, se señala la existencia de prácticas ilícitas y políticos, ministros, directores y jefaturas llevando agua a su molino. Nadie puede negar el enriquecimiento de algunos exfuncionarios que no tienen forma de justificar sus ingresos y el cambio de estilo de vida a una de lujos imposible de cubrir con su salario.

La mayoría de personas y políticos de este país señalan ilegalidades en la casa de enfrente –y no dudo que tengan razón–, pero no sabemos cuántos de ellos han pagado y recibido beneficios y favores por un lado y se dan golpes de pecho por el otro, como si el pecado de uno es menor que el otro.

En síntesis: Sin corruptor, el corrupto dejaría de pedir. Si nadie pagara privilegios o favores no habría nadie pidiendo soborno. Cambiemos esta cultura que no permite que funcione el Estado de derecho, que obstaculiza la creación de riqueza, niega una buena calidad de vida para la mayoría de los salvadoreños y pone en peligro la democracia. El problema no es el sistema, el problema es la corrupción.

Tags:

  • corrupción
  • capitalismo
  • soborno
  • enriquecimiento
  • Estado de derecho

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