Lo más visto

Más de Opinión

El voto como expresión democrática

Es un buen momento para reflexionar sobre por qué es importante ejercer el sufragio y qué tan deteriorado está el concepto de participación en la vida política en el país, sobre todo semanas después que dos salvadoreños murieran asesinados tras una actividad de apoyo a un instituto político. Recordando esos hechos, es paradójico que desde el gobierno, que hizo gala de insensibilidad ante el atentado contra una caravana del Fmln, se invite a los electores a conjurar un fraude desde las urnas; es la única línea que Bukele y su gabinete han dirigido en defensa del sistema de libertades en los últimos meses.

Enlace copiado
La Prensa Gráfica

La Prensa Gráfica

Enlace copiado

En la recta final de la campaña política, se popularizará la preocupación de los contendientes por la baja participación del electorado. Es un fenómeno connatural a las democracias representativas agravado en esta coyuntura sanitaria sobre el cual se reflexiona poco y se propagandiza mucha.

Desde el oficialismo, que ha estado interesado en descalificar al Tribunal Supremo Electoral como apenas otra de sus líneas de ataque contra las instituciones y combustible para su narrativa belicosa, se insistió mucho en los últimos días sobre el imperativo de ir a votar como único camino para evitar un fraude.

Mientras, la oposición sostiene que si el volumen de la votación es bajo, los resultados serán desproporcionados y a favor del partido de gobierno y de sus satélites; según ese razonamiento, un mayor porcentaje de participación garantizará una conformación más plural y heterogénea de concejos y curules.

Cada uno de los contendientes pues tiene una visión, una estrategia y un discurso acerca del deber ciudadano de asistir a las urnas y participar de los comicios.

No obstante, desde el concierto de la sociedad civil y la ciudadanía, es un buen momento para reflexionar sobre por qué es importante ejercer el sufragio y qué tan deteriorado está el concepto de participación en la vida política en el país, sobre todo semanas después de que dos salvadoreños murieron asesinados tras una actividad de apoyo a un instituto político.

Recordando esos hechos, es paradójico que desde el gobierno, que hizo gala de insensibilidad ante el atentado contra una caravana del FMLN, se invite a los electores a conjurar un fraude desde las urnas; es la única línea que Bukele y su gabinete han dirigido en defensa del sistema de libertades en los últimos meses.

Aunque no es casualidad: desde el punto de vista oficial, los derechos de participación política de los ciudadanos son importantes sólo en la medida que validen su proyecto de ascenso al poder. Por eso en el mismo mes en que el presidente de la República acusó a uno de los partidos opositores de haberse hecho un autoatentado con saldo fatal y de no haberse solidarizado con las familias de las víctimas, exige a la vez participación y defensa del voto. Lo hace en una clave discursiva agresiva que apunta más a la militancia que al civismo, lo propio del manual populista que ha seguido disciplinadamente.

Ejercer el voto en cuanto derecho y en cuanto deber es fundamental para garantizar que la aspiración representativa de nuestro sistema de gobierno se cumpla. Pero hacerlo no es ni el único ni el principal modo de construir y defender la democracia. También lo es abonando a la cultura de la tolerancia, del respeto al disenso y al diálogo, denunciando los manierismos despóticos y los abusos de poder y autoridad.

En esas tareas, la partidocracia de antes y la de ahora han fallado de manera flagrante. Las raíces del despotismo que ahora padecemos fueron sembradas en las prácticas de los institutos políticos de las últimas décadas, a ciencia y paciencia de una ciudadanía que se conformó con ser testigo de la toma de decisiones y a apenas participar cada cinco años en el ejercicio electoral.

Hay que votar, hay que salir de la indiferencia y la apatía, pero defender la democracia todos los días y hacerlo valiente y generosamente es el verdadero deber que le corresponde a los buenos hijos de la República.

Lee también

Comentarios

Newsletter
X

Suscríbete a nuestros boletines y actualiza tus preferencias

Mensaje de response para boletines