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El voto de castigo, la gran oportunidad

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El pasado 4 de marzo tuve el honor de dirigir a los observadores de la universidad donde ejerzo como decano, un grupo de estudiantes entre jóvenes de 18 años hasta salvadoreños de más de 40; cada uno de ellos hizo patria en forma diferente a la acostumbrada, esto fue desde presentarse a emitir su voto en su lugar de residencia, hasta verificar el conteo y clasificación de los votos, en horas nocturnas. Toda una experiencia digna de participar. Fue histórico.

Esa oportunidad nos permitió ver qué tan preparados estábamos para el evento electoral, dándonos como resultado que aún el sistema se presta para errores electrónicos no fundamentados, hasta la demostración de la impuntualidad que caracteriza a los salvadoreños, lo cual debe erradicarse a la brevedad, porque llevamos un retraso de varios siglos con la historia. El arma de la observación es un instrumento que se tiene que mantener a toda costa, porque es el ojo no sancionador de la humanidad, que nos mantiene advertidos de los vejámenes que se puedan cometer contra las democracias de países pobres, de los abusos de poder de los partidos oficiales y de las manipulaciones que se dan entre los contendientes, que al fin y al cabo lo que hacen es proteger a la raza política, la cual hoy por hoy, nos está demostrando que todavía tienen fórmulas con las que se cobran y se pagan favores políticos.

El voto que los salvadoreños depositamos las pasadas elecciones fue una demostración de la inconformidad por la falta de seguridad, la pésima economía, la oscuridad política y el rechazo a los congresistas que nos fallaron en la elección pasada; se castigó a la atleta que no abogó por el deporte, a los que se desentendieron de la educación, a los enemigos de la salud y a los lentos de entendimiento; lamentablemente, los que se han adueñado del poder político mantienen en la silla legislativa a los fieles a su partido, ya sea por la disciplinada obediencia o por ser acérrimos enemigos de los que están a favor y de los que están a favor de los que están en contra, eso no es guiarse por lo que el pueblo soberano les comunicó, habiendo traicionado a la propaganda partidaria, que daba a entender un refresco político, una renovación de la nueva juventud, pero fue el caso, voy a entender así, que las cúpulas descifraron entre líneas, que los votos se dieron a los jóvenes de antaño, ya que cuando se votó por la bandera, las listas del orden de los partidos fueron las que se respetaron.

También se dio algo insólito, un no partidario será diputado, por lo que todos los ojos de sus electores están sobre él, tiene la gran responsabilidad de asegurarse un puesto de honor o de deshonor, con su actuación, será el que permita creer que los no partidarios son la solución o que se decida quedarse con lo viejo conocido.

No creo que los planes de seguridad hayan ganado en las curules, ello sí fue decisivo en las sillas edilicias; en las curules ha ganado el discurso en contra del aborto, las caras de la nueva izquierda y la añoranza por lo viejo.

El Salvador está vigilante, porque sabemos que valemos la inversión.

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