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El voto por persona es ahora una realidad

Recién transcurridas las elecciones legislativas y municipales de marzo de 2011, el CEJ analizó la trascendencia que dentro del avance en el ejercicio democrático habían tenido algunas de las resoluciones emitidas por la actual Sala de lo Constitucional, destacando entre ellas la resolución que permitió a los ciudadanos el voto por rostro, votando directamente por los candidatos de su preferencia y no por los listados bloqueados presentados por los partidos políticos.
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En ese momento aún se percibía cierto malestar de algunos sectores políticos, quienes habían intentado afanosamente entorpecer el ejercicio de ese derecho constitucional. Pero para agrado de propios y extraños, en los comicios de marzo de 2011 quedó claro que la ciudadanía prefería elegir a sus diputados votando directamente por estos, y no necesariamente siguiendo el orden establecido por los partidos políticos. Es más, se pudo evidenciar que la ciudadanía había comprendido muy bien el nuevo mecanismo de elección, y que se había decantado en muchos casos por hacer su propio análisis y sus propias valoraciones sobre los candidatos. Pero a pesar del significativo avance que ello había implicado, todos sabíamos que la tarea no se había realizado de forma completa. La Asamblea Legislativa había cumplido a medias con lo resuelto por la Sala de lo Constitucional pues el “voto por rostro” solo había sido habilitado de forma temporal, cuasi experimental. El fantasma de la desobediencia aún rondaba en los corredores legislativos; hasta hace algunos días aún se escuchaban expresiones –si bien aisladas– que denotaban que se haría un último esfuerzo por mantener un sistema de votación que ha demostrado no reflejar la voluntad popular y que propicia que los diputados electos se desentiendan aún más de sus electores, arropándose en el partido que los postula.

Una vez más, la presión de la ciudadanía y los insistentes llamados de distintas organizaciones de la sociedad civil terminaron por convencer a quienes aún se resistían por abandonar la comodidad que les prodigaba el sistema de listas cerradas y bloqueadas, por lo que terminaron dándose cuenta de que no habría forma legítima de eludir la realidad o de incumplir lo resuelto por la Sala de lo Constitucional: el voto por persona debía quedarse de forma permanente.

Es así como en la primera sesión plenaria del año 2013, ocurrida este pasado jueves, 79 diputados votaron por aprobar reformas al Código Electoral para dejar de forma permanente el voto por rostro en las venideras y sucesivas elecciones legislativas y municipales. Esto sin lugar a dudas es una muy buena noticia; esta vez la actuación de la Asamblea Legislativa es plausible.

Claro está que el empeño de todos debe ser ir teniendo una sociedad cada vez más civilizada y, por lo tanto, un sistema de votación más democrático que cada vez refleje de mejor manera la voluntad del electorado. Y si bien este es un paso sumamente importante, no hay que olvidar que aún existen otras tareas también pendientes, que pasan por ampliar la cobertura del voto domiciliar, por encontrar mecanismos eficientes que permitan la participación de los salvadoreños en el exterior, por dar paso a la creación de concejos municipales plurales y, sobre todo, por regular la actuación de los partidos políticos. No podemos ni debemos continuar avanzando sin contar con una Ley de Partidos Políticos.

Por cierto que ahora corresponde a los partidos políticos identificar a aquellas personas que en serio cuenten con el perfil adecuado para aspirar a formar parte del Órgano Legislativo. Los ciudadanos votaremos ahora en función de las características individuales de quienes nos propongan los partidos políticos, por lo que el filtro para su selección debe ser distinto al que se ha venido aplicando en el pasado. Ya no serán las cúpulas ni los amigos de las cúpulas quienes resultarán electos, sino quienes nosotros decidamos.

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