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Elecciones 2018: algunas conclusiones y reflexiones

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Roberto Rubio-Fabián / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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De los resultados preliminares de las elecciones 2018, a nivel legislativo, se pueden extraer algunas conclusiones y reflexiones generales en torno al FMLN y ARENA.

Lo más relevante es la estrepitosa caída de votantes del FMLN, cerca del 40 % respecto de las dos elecciones legislativas anteriores; la cual no solo abarcó a fieles y simpatizantes, sino también parte de su voto duro. Es cierto que el Frente venía bajando el número de votos desde 2009, pero en 2012 y 2015 no había tenido una baja tan sensible, ni tocado su sagrado voto duro.

En términos cualitativos la derrota es aún más significativa: pierde la llave de la mayoría calificada, tiene que hacer alianza con tres o cuatro partidos para obtener mayoría simple, queda irrelevante en cabeceras departamentales y municipios del Gran San Salvador, pierde las principales figuras legislativas, incrementa las tensiones internas.

Por otro lado, es cierto que hubo un triunfo de ARENA, pero como ya muchos analistas lo han expresado, se trata más de una derrota del FMLN que de una victoria de ARENA: esta ganó con menos de 50 mil votos respecto a elecciones pasadas. Sin menospreciar el mérito de haber movilizado y mantenido sus “votantes piso” (en torno a los 800 mil en las legislativas), lo cierto es que ARENA no logró capturar/capitalizar el descontento de los “sin partido”, los cuales ya son mayoría en este país. A pesar de ello, ARENA se mantiene con distancia como primera fuerza política, guarda la llave de la mayoría calificada en la Asamblea, y la tiene mucho más fácil para establecer alianzas que le permitan mayoría simple.

Ante esos resultados electorales, vale la pena traer a cuenta aquella conocida frase de Francisco de Quevedo: “Nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar, y no de vida y costumbres” (Historia de la vida del Buscón). En sintonía con esta frase, he acá unas reflexiones que hice hace 6 años en esta columna de opinión, respecto a los resultados electorales de 2012.

En el caso del FMLN le recordaba: “Ningún proyecto político se puede sostener sanamente con base en el dogma, la intolerancia, la indecencia y el autoritarismo”. Y que si no quería seguir perdiendo, tendría “mucho que cambiar hacia adentro: definir mejor su identidad de izquierda frente a un mundo que está derribando paradigmas y enfoques del pasado, fomentar el debate interno, explicitar con nitidez su apuesta por la ética y la democracia, alejarse de la corrupción y la opacidad, evitar los radicalismos y conservadurismo izquierdista, ser más eficiente y efectivo en sus políticas y acciones, ser más sensible y concreto de cara a las necesidades de los pobres y marginados, redefinir su relación con el Ejecutivo, abrirse más a otros sectores...”.

En el caso de ARENA, le recordaba: “Si quiere aspirar a ganar las presidenciales, y ganar el voto no militante y no ideológico, también tiene que impulsar importantes cambios internos: una derecha moderna y no conservadora, abierta a otros sectores, con mayor democracia interna, aproximarse a los pobres y sectores medios más que a los ricos, más sensible a las necesidades de los marginados, distanciarse del pasado de corrupción y cooptación del Estado... Definitivamente, para ARENA y el FMLN el dilema es cambiar o no cambiar”. Hoy este dilema es mucho más válido que hace 6 años, cuando todavía no asomaba la serpiente encantadora del populismo.

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