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Elecciones: aspiraciones y prejuicios

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Juan Héctor Vidal / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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La hora cero se acerca sin previsibles acontecimientos traumáticos, pero, sin duda, se han vivido infinidad de momentos previos desagradables, ruidosos, amenazantes y cargados de irresponsabilidad, cinismo y opacidad de parte de quienes dirigen el proceso. Los avances que había logrado el país en materia electoral, con grandes costos hasta de vidas humanas, han sido, en muchos sentidos, echados por la borda. Entonces, sería un error histórico de aquellos que se precien de demócratas y amantes de la libertad, permanecer como simples espectadores de lo que está pasando.

Sin embargo, opinamos que, al menos, la propaganda divulgada por los partidos y las personas que individualmente buscan gobernarnos, aunque sea desde el puesto de último concejal, tuvo la virtud de llegar al electorado con un mensaje diferente. Solo basta recordar aquel con el que nos saturó el FMLN en los pasados comicios, haciendo de su brazo financiero, hoy en bancarrota, el estandarte de la lucha de clases. Sí presencié desde mi casa –y grabé– a activistas de ARENA removiendo propaganda de su adversario más visible. Pero hablando de propaganda, este evento electoral, como ha sido la tradición, nos dejará como secuela la incertidumbre sobre el costo y sus fuentes de financiamiento porque se ignoraron las sentencias de la SC, en lo que parece ser una consigna interpartidaria.

Pero también debemos aceptar que nos hemos perdido de mucho. Acaso por el poco tiempo que me queda para ver televisión o leer cosas irrelevantes en la prensa convencional, no me quedó claro qué es lo que ofrecen a un país con muchas carencias para sacarlo del estado famélico-calamitoso en que se encuentra, ya sea que nos refiramos a la economía, la salud, la educación, la infraestructura y la seguridad. Ya no digamos, siquiera un atisbo de alzar la voz frente a un personaje que ha hecho de nuestra Patria un papel higiénico o cuando menos un estigma oprobioso frente a la comunidad internacional, sacando raja política de nuestra condición de país pobre, para apuntalar su visión supremacista.

De las candidaturas, principalmente para la próxima legislatura –aunque hay información relevante sobre algunos de ellos (aquí incluyo a las mujeres)– es clara la pobreza que exhiben los partidos políticos al seleccionar a sus postulantes. No se puede aceptar moralmente a personas con dudosas credenciales para que puedan, con decoro, civismo y altura, representar a sus respectivos electores. El cinismo de otros para nuevamente llevar al mal llamado primer órgano del Estado, a personas con récord delictivo probado, depredadores del erario público y una estela de vicios, los deslegitima como verdaderos institutos políticos.

Pero las palmas se las lleva el personaje que según se dice, mueve como títeres a toda la dirigencia del FMLN y ningunea al propio presidente. Insinúa volver a las armas si su partido pierde posiciones y ya anticipó criterio sobre el tratamiento que le dará a la SC si anula su candidatura. Sobre lo primero, muchos piensan que él ya necesita un refugio tipo antinuclear, para guarecerse frente a los millones de peores epítetos que ya circulan por las redes. Y en cuanto a lo segundo, también la democracia tiene sus propias armas para defenderse frente al salvajismo político. En esto, el TSE también debe ser menos opaco y más valiente.

P. D. Ferrari, como los Hummer y las lujosas blindadas de color negro, no las puede comprar ni manejar cualquier hijo de vecino; tampoco tienen la protección oficial.

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