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Elecciones presidenciales: unidad y lucha de contrarios

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David Hernández / Escritor

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Todavía el Tribunal Supremo Electoral (TSE) debe validar la candidatura presidencial de Nayib Bukele, pero las quinielas de la próxima cita electoral del 3 de febrero de 2019 apuntan a un espectacular choque de trenes.

Política es poder, y las próximas elecciones presidenciales no son la excepción. Está en juego la continuidad del proyecto del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), el retorno de la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), luego de una década en la oposición, o el surgimiento de una tercera alternativa, con la candidatura del exalcalde Bukele por la Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA).
Hay una tesis de cierta embajada que afirma que los partidos oficiales que son derrotados en El Salvador ya no vuelven jamás al poder, sustentada por un recorrido histórico de 88 años desde el Pro-Patria del general Maximiliano Hernández Martínez (1931-1944), el Partido Revolucionario de Unificación Democrática (PRUD, 1948-1960), el Partido de Conciliación Nacional (PCN, 1962-1979), el Partido Demócrata Cristiano (PDC, 1984-1989), ARENA (1989-2009). La aplastante pérdida de 400,000 votos del FMLN en marzo pasado los dejaría fuera como opción principal de cara a 2019.
El grupo conservador ha fortalecido una coalición que conforman tanto ARENA, el PCN y el Partido Demócrata Cristiano (PDC); la fórmula de Carlos Calleja (ARENA) y Carmen Aída Lazo (PCN) está sellada.
Por el lado oficialista, el ruido de sables indica que hay una pugna entre el sector ortodoxo-conservador liderado por Medardo González, Lorena Peña, Norma Guevara, opuesto a cualquier alianza con GANA-Bukele, y el sector pragmático liderado por el propio candidato presidencial Hugo Martínez y los dirigentes Óscar Ortiz y José Luis Merino, que propugnan por una coalición con Bukele. La disyuntiva en cuestión es o marchan solos a una segura derrota o se unen en una coalición FMLN-GANA, donde la aritmética histórica electoral les da una segura victoria.
De que en política el pragmatismo antecede a los principios lo dejó claro ya hace 500 años Niccoló dei Machiavelli en su clásica obra “Il Principe”. También un clásico moderno, Lenín, quien afirmó que si para alcanzar el poder tenían que arrastrarse por el lodo lo harían, pero tapándose bien las narices.
En este sentido es explicable la vuelta de tuerca hecha por Nayib Bukele así como el enroque político ejecutado por Herbert Saca & Cía. que desmontaron el plan original de Guillermo Gallegos de apoyar a Calleja y abrió una salida coherente a la alianza FMLN-GANA con Bukele de candidato presidencial.
De paso, este parteaguas político sacudirá la correlación de fuerzas en la Asamblea Legislativa, influyendo decisivamente en la elección de magistrados y fiscal general de la República.
Bukele estaría representando, junto con sectores económicos de la izquierda, a una emergente clase económica que ha entrado en contradicción con las tradicionales élites plutocráticas salvadoreñas afincadas en ARENA.
Todo indica que en el interior del FMLN se impondrá la “realpolitik” de aceptar que Hugo Martínez vaya como vicepresidente acompañando a Bukele, antes o después de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.
Se trata, en todo caso, de tres candidatos jóvenes, innovadores; cada uno de ellos refleja una nueva manera de hacer política y el objetivo común de lograr un país más próspero y moderno.
 

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