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Elecciones sin fuerza bruta

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En 2006 fueron las elecciones de concejos municipales. Respecto a San Salvador la diferencia entre ARENA y el FMLN era muy ajustada. Los ánimos se caldearon mientras el Tribunal Supremo Electoral (TSE) realizaba el escrutinio final. Una turba de militantes del FMLN llegó a unas cuadras del hotel en que se realizaba el escrutinio para presionar al Tribunal.

El 9 de marzo de 2014 fue la segunda vuelta de la elección presidencial. Otra vez, los resultados eran ajustados entre ARENA y el FMLN. Esa misma noche el candidato de ARENA subió a una tarima a proclamarse ganador y a exigir al ejército que vigilara el proceso e impidiera un fraude.

El 31 de julio de 2018 el ministro de Defensa, general Munguía Payés, hizo una lamentable advertencia: "La Fuerza Armada lo que le pide al sistema y a los políticos es fair play, juego limpio, porque si nuestras instituciones se equivocan o maliciosamente se equivocan, eso va a provocar conmociones sociales y eso nos va a comprometer a nosotros; (...) La gente que sigue a cierto tipo de candidatos puede perder la cordura y la fe en el sistema y manifestarse en las calles y esas manifestaciones cuando la gente está en las calles se pueden volver incontrolables y viene la participación de la Policía Nacional Civil, la participación de la Fuerza Armada".

El pasado 6 de diciembre el candidato presidencial de GANA dijo en un tuit: "¡Atentos! Si se consuma el fraude. Nos vamos a las calles". Se refería a que –según él aseveraba– el Tribunal imprimiría las papeletas de votación de su partido, GANA, con una tonalidad de celeste distinta. Horas después una turba de seguidores del candidato presidencial llegó a protestar a las instalaciones del TSE. Los empleados que trabajaban a esa hora de la noche no podían salir del lugar por temor a la turba.

Todos esos acontecimientos nos recuerdan la fragilidad de nuestra democracia. Es normal que en un proceso electoral existan conflictos, pero para solucionarlos hay canales institucionales a los cuales acudir. Nunca será aceptable tratar de solucionar esos conflictos mediante la fuerza, ya sea a través de turbas de civiles, ni, mucho menos, instrumentalizando a la Fuerza Armada.

Los acontecimientos del jueves no deben marcar la forma en que se dirimirán los conflictos en el resto del proceso electoral. Es necesario que las autoridades electorales, los partidos políticos contendientes y los candidatos presidenciales y vicepresidenciales se desmarquen de siquiera intentar el uso de la fuerza bruta para imponerse.

Si decidieron competir en este proceso electoral, deben ceñirse a las reglas del mismo. Esto incluye que la solución de controversias se haga mediante los recursos y procesos previstos por la ley y la Constitución. La Fuerza Armada, y particularmente el ministro de Defensa, deben apartarse del proceso electoral. El Salvador ha aprendido que la intervención militar en los procesos electorales, lejos de ser un factor de estabilidad, distorsiona la democracia.

Y la ciudadanía debe mantenerse alerta ante el comportamiento de los distintos actores políticos y exigirles que se abstengan de usar la fuerza y la violencia para imponerse. Nadie quiere volver a esos tiempos de violencia y autoritarismo que parecían haber quedado en el pasado. No retrocedamos.

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