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Elecciones y lecciones

No vamos a pasar juicios de valor sobre los dos candidatos; sí podemos comentar, porque la evidencia no puede ser más contundente, que don Hugo arrasó con su competidor en las elecciones internas del FMLN, el domingo 27 pasado. Pero el perdedor no fue don Gerson, sino la línea dura del partido gobernante.
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Juan Héctor Vidal / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Y no podía ser de otra manera, porque su pensamiento y sus acciones se nutren de un desbordado masoquismo, ensimismamiento y, siguiendo su credo, de una trasnochada ilusión de que son los predestinados para redimir a los salvadoreños. Obviamente, la expresión externa de esa mezcla es la verborrea permanente, alimentada por una ideología decadente que ha carcomido totalmente su capacidad de discernir sobre la realidad que los rodea.

En los hechos, no reaccionaron después de la zarandeada que les dio el grueso del electorado el 4 de marzo y, más bien, le dieron más argumentos a sus bases para que fueran estas las encargadas de recordarles que la vienen regando desde que se hicieron de la presidencia de la república en 2009, que los endiosó y arraigó en ellos la soberbia como guía rectora de su estrategia política. ARENA puso en marcha esos “atributos” durante los veinte años que estuvo en el poder, pero los suyos hoy parecen excesos de juventud, comparados con las estupideces del FMLN.

Que ambos partidos practican el verticalismo, no cabe duda: lo comprueba el sesgo que primó en los procesos internos para la elección de sus respectivos candidatos presidenciales, aunque algunos sostienen que en esto fue más disciplinado el partido en el poder; si por ello se entiende la ausencia de manifestaciones públicas de inconformidad en torno a los resultados. Frente a ello, se puede anteponer el divisionismo destructivo que provocó en ARENA el desenlace; que, por cierto, le impone al ungido una prematura prueba de fuego para que demuestre su liderazgo, habilidad y destreza para enfrentar situaciones complejas. Y esto, sin considerar la eventual participación del “merchante de las nuevas ideas”.

La decisión del secretario general del partido gobernante, de no postularse para continuar en el cargo, pareciera un acto de contrición ante los errores cometidos por la cúpula bajo su dirección, que no solo se circunscriben a, o son producto de, el autoritarismo que les caracteriza, sino de su idolatría por el socialismo del siglo XXI. Además, no pueden ocultar su papel en la pésima gestión del Ejecutivo (donde ha gravitado claramente la confusión partido-gobierno), sino que involucra también, la escandalosa corrupción que ha conspirado contra la institucionalidad, erosionado ante propios y extraños la confianza en el gobierno y debilitado la capacidad de este para cumplir con sus propias promesas.

Pero ¿qué sigue? Algunos opinan que, con la designación de su candidato, el FMLN tiene mayores posibilidades de reivindicarse, rescatando en alguna medida el favor que ha perdido de parte de sus seguidores. El Plan 10 poco puede contribuir a esto, aunque ello no debería pasar desapercibido por los tricolores, que ahora también tienen que transitar por una nueva curva de aprendizaje. Estos tienen a su favor el proverbial carácter olvidadizo de los salvadoreños, mas no la paciencia como para seguirles tolerando excesos de bulto como los del pasado. En cuanto al FMLN, además hay que tomar en cuenta el concepto que tiene don Hugo de la relación partido-gobierno, aunque como decía Bernard Shaw: “Los que no pueden cambiar sus mentes, no pueden cambiar nada”.

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