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Elegir ser “líder tóxico” o “líder vitamina”

Por los efectos positivos que ocasiona a su alrededor alguien maduro y sensato, se le podría definir a esa persona como un “líder vitamina”. Pienso que un liderazgo vitaminado impacta en la organización analógicamente al resultado que obtiene el cuerpo humano al ingerir diferentes clases de sustancias vitamínicas, es decir, el efecto de equilibrar las diferentes funciones vitales del organismo (para que se desarrolle a plenitud). Un líder ecuánime puede hacer sentir a todos importantes e inspirados para ir haciendo fácilmente los cambios necesarios en la empresa o para unir y sacar adelante un país.
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Kalena de Velado / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Ser líder vitamina se contrapone a ser un líder tóxico, que lo único que logra es sacar en la gente los peores sentimientos y las emociones tóxicas. Un liderazgo intoxicante engendra pesimismo, crítica, derrotismo y apela a las intrigas para obtener resultados.

El “líder tóxico” deriva de no poder superar los traumas, conflictos y las heridas del pasado. Es alguien que vive anclado en un pasado traumático y no consigue ser feliz porque la felicidad consiste en tener ilusión.

Elegir ser un “líder vitamina” involucra una mirada positiva, optimista y agradecida. Significa estar convencidos de tener el “vaso medio lleno”. Ser un “líder vitamina” se relaciona con buscar la felicidad como estilo de vivir en el mundo, contando con un filtro para encontrar aquello que aporte sentimientos de bienestar y equilibrio.

Según los expertos médicos, los pensamientos y sentimientos alteran tanto nuestro ser interior (la mente) como el organismo. La doctora psiquiatra Marian Rojas-Estape señala que “en especial, los pensamientos negativos, como ira, rabia, frustración y desesperanza, alteran el riego sanguíneo en el centro del optimismo del cerebro, la corteza prefrontal izquierda.

Nuestra mente no distingue realidad de ficción; por tanto, cualquier pensamiento que nos aturda, nos obsesione, tiene un reflejo en el cuerpo. Según la Universidad de Harvard, del 60 % al 80 % de las enfermedades que padecemos tiene relación directa con las emociones tóxicas”. Ella recomienda siete puntos para lograr la felicidad a través de educar las emociones:

1- Conocerse: focalizarnos en nuestras virtudes. Quien no se conoce, no se comprende ni acepta; por tanto, no puede superarse y mejorar.

2- Evitar el exceso de autocrítica y exigencia: huir del perfeccionismo excesivo porque genera eterna insatisfacción. Cuidado con el autoboicot; es esencial aprender a dominar la voz interior.

3- Fijarnos metas y objetivos: sueña en grande, actúa en pequeño. No tengas miedo de dejar volar tu corazón, pero, a continuación, realiza un plan de acción y una estrategia.

4- Trabajar la voluntad: fortalecer la voluntad implica adquirir hábitos que sustituyen los malos, con pequeñas acciones diarias. Si soy impuntual, me levanto 10 minutos antes.

5- Mejorar en asertividad: es encontrar el puente intermedio entre aceptar que otros decidan por mí, pero también no dejar de aportar a la vez que respetamos las idea de otros. Que tu sí sea sí y tu no sea no, sin que te sientas culpable.

6- Aprender inteligencia emocional:  significa entender y expresar mis emociones; entender y empatizar con las emociones de otros; controlar emociones, la impulsividad.

7- Educar el optimismo: hay que cambiar el lenguaje y empezar a usar palabras que evoquen entusiasmo, alegría, ilusión, desechando palabras tóxicas. Se ha observado que quienes practican el optimismo tienen mejor salud, viven más y con bienestar.

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