Embriagado de la fama de las redes sociales

Para administrar y sacar adelante a una nación, se requiere, además de las cualidades intelectivas, ser asertivo en la comunicación, tener prudencia, equilibrio, probo y una alta dosis de diplomacia para manejar las relaciones de cooperación y amistad con los pueblos amigos, incluyendo aquellas naciones que son gobernadas por presidentes que no coinciden ideológicamente con el pensar nuestro, ya que es así como se mantienen las líneas de cooperación en el marco de la tolerancia y el respeto.

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Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios

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Pero cuando se cruza ese lindero para ganar popularidad y fortalecer el egocentrismo, como lo hacía el fallecido Hugo Chávez o Rodrigo Duterte, presidente de Filipinas, solo queda evidencia; la ausencia de cultura, la ignorancia supina del derecho internacional, la carencia de la academia y la falta de principios y valores, aspectos esenciales con los que debe conducirse un gobernante o un aspirante. Digo lo anterior porque el discurso dado recientemente por Bukele en Chalatenango demuestra los rasgos de personalidad del aspirante a la presidencia.

Al referirse de forma despectiva y vulgar hacia al presidente de México, Enrique Peña Nieto, quien por cierto es un abogado prestigioso graduado de la Universidad Panamericana y posee una Maestría en Administración de Empresas por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores, es decir que Bukele lo tilda de ser una persona incapaz y que es producto del marketing digital, ¡pero cuánto derroche de cinismo! A Bukele se le olvida que él es una gestación de las redes sociales y de la polémica, y que su trayectoria política, quiera o no, se la debe al FMLN.

Más que de haber realizado un papel brillante en la Alcaldía de Nuevo Cuscatlán, que por cierto la dejó endeudada y con proveedores casi quebrados por la falta de pago. Lo mismo ha ocurrido con la Alcaldía de San Salvador, que no pasó de cambios cosméticos (restauraciones y luces), no logró resolver los grandes problemas estructurales que prometió en su campaña, como el reordenamiento de los vendedores, la construcción de nuevos mercados, mejorar los niveles de seguridad en el Gran San Salvador, crear oportunidades de empleo para los jóvenes y reorientar el transporte colectivo.

Lejos de esto, en la alcaldía se ha dado una serie de irregularidades, como el caso del examen especial que realizó la Corte de Cuentas al proceso de licitación, adjudicación y contratación del proyecto de luminarias que costará $24 millones a los capitalinos, en el que encontró anomalías por $3.1 millones en la contratación. La otra irregularidad que debe ser investigada es que la alcaldía hizo un contrato de arrendamiento por 25 años de la propiedad donde está ubicado el mercado Cuscatlán, en el que se paga un canon mensual de $85,000.

Esto implica que si se multiplica la cuota por los 25 años, los capitalinos deberán pagar, un monto total de $25,500 millones. Y a fuerza de ser honestos, el valor de esa propiedad no pasa de $6 millones. ¿Acaso no era más rentable para la alcaldía comprar la propiedad y ahorrarle ese derroche de dinero a los capitalinos? Claro que sí, pero los que están cegados por nuevas ideas solo ven lo mediático de la popularidad de un muchacho que está embriagado por la fama, pero que no tiene un proyecto definido de cómo dirigir a El Salvador.

Entonces, ¿con qué solvencia moral se puede criticar la gestión de un presidente extranjero cuando no se ha demostrado con hechos que se tiene la capacidad, la prudencia y el intelecto para gobernar una nación?

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