Empieza el año escolar, maestros

En enero, la escuela salvadoreña recibe a más de un millón y medio de estudiantes de los diferentes niveles del sistema educativo público.
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 Los estrategas de la educación, los profesionales de la educación, es decir, los maestros, se aprestan a dar su aporte, durante casi nueve meses, en la formación de estos niños y jóvenes del país.

La escuela es el único lugar que tiene la sociedad actual en donde un ciudadano se educa gradualmente, a través de un sistema ordenado, con un programa específico, con horarios que cubren la mayor parte del día, desde que tiene 7 años hasta los 12 años (para salir de sexto grado) y 17 (si sale de bachiller).

Nadie más tiene ese privilegio de que los padres de familia voluntariamente entreguen el corazón y la mente de sus hijos a un grupo de personas para que los formen. Enorme compromiso que debe ser honrado profesionalmente por los docentes.

Es una delicadísima tarea que requiere de los maestros una enorme dosis de actitud positiva y de amor hacia los niños y jóvenes; pero, además, de conocer a fondo y manejar muy bien el instrumental idóneo que la profesión exige.

Uno de esos instrumentos es el programa de estudios de cada asignatura y de cada grado.

En cada programa, se encuentra un apartado que se llama “El enfoque de la asignatura”. Por ejemplo, en Lenguaje el enfoque es comunicativo; en Matemática, resolución de problemas; en Estudios Sociales es investigación de la realidad y participación social; y en Ciencias, Salud y Medio Ambiente, la investigación.

El maestro, solo o con otros compañeros, debe estudiar críticamente estos enfoques planteados en los programas porque constituyen la base de la orientación de su disciplina y resultan indispensables para lograr una planificación viva de su práctica diaria.

Una vez se tiene claro el enfoque, las competencias resultan de más fácil comprensión y solo desde ahí se entiende por qué los contenidos se convierten en un medio para alcanzar esas competencias.

Es desde este análisis que surge la necesidad de utilizar metodologías dinámicas que impulsan a la interdisciplinariedad o el manejo de un currículo flexible vinculado con su contexto social.

En el análisis y dominio de la relación entre el enfoque de la asignatura, las competencias y los contenidos está la clave para poder hacer una práctica pedagógica diferente y exitosa. Desde ahí surgen preguntas como: ¿Para qué enseñar? ¿Qué enseñar? ¿Cómo enseñar? ¿Cuándo enseñar?, cuyas respuestas dan sentido al trabajo diario en el aula.

Es cierto que, en muchos casos, los padres se despreocupan de sus hijos y de lo que pueden estar recibiendo en la escuela; sin embargo, el docente, como estratega y profesional de la educación, debe ser responsable de ir conduciendo adecuadamente la formación de esa mente y ese corazón de los estudiantes que llegan a sus manos.

Alrededor de 200 días lectivos que equivalen a más de mil horas al año, la escuela tiene influencia sistemática sobre niños y jóvenes. La única opción del verdadero profesional de la educación es tomar en serio su trabajo.

Tags:

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