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Empiezan a verse señales de tratamiento razonable del conflicto

La ciudadanía, por su parte, quiere nitidez y honradez en todas las actitudes y movimientos de aquellos que la representan o que gestionan la representación, como es el caso de los partidos políticos.
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<p>En medio de todo el rafagueo que se ha dado en los últimos días en relación con el enfrentamiento de posiciones entre la Asamblea Legislativa y la Sala de lo Constitucional como efecto de las decisiones legislativas sobre nombramiento de magistrados de la Corte y de las resoluciones de inconstitucionalidad emitidas al respecto por la Sala, el jueves surgió en el seno de la Asamblea un primer signo de que las cosas podrían resolverse por la vía civilizada, que es la del entendimiento responsable. Hay que tomar este signo como un punto de partida, que al menos indica que puede haber otro escenario que no sea el de los desplantes y los exabruptos.</p><p>La Presidencia de la Asamblea convocó al llamado Comité de Agenda de País, que fue creado en el protocolo de entendimiento que se acordó al comienzo de la actual legislatura. Es un buen escenario para tratar el embrollado tema dentro de la Asamblea, con todas las fuerzas políticas representadas. </p><p>Pero como ocurre siempre cuando se dan conflictos como el que se tiene sobre la mesa, habrá que hacer mucho trabajo alrededor de las gestiones visibles. Y en ese trabajo es donde se miden tanto la capacidad como la habilidad de los distintos actores que tienen el deber de construir soluciones.</p><p>Es importante que desde el interior de la Asamblea se manifieste el interés de enviar hacia la ciudadanía, en todas sus expresiones, un mensaje de confianza y estabilidad política y jurídica. Nadie en su sano juicio puede desconocer o poner al margen el hecho de que trastornos institucionales como el que hemos venido padeciendo en los últimos días son claramente atentatorios contra la buena marcha del país en todas sus formas, y, desde luego, contra la imagen del mismo en las distintas esferas internacionales. Evitar esto y corregir sus efectos es función eminentemente patriótica.</p><p>Los diputados han dado un primer paso, porque tampoco pueden poner oídos sordos a las variadas e intensas reacciones ciudadanas frente a una crisis que es fundamente artificial y movida por intereses que no son los que sirven al bien común. La democracia va haciendo evidente que para su buen funcionamiento se requiere que todo sea lo más claro y transparente posible. Hacer reformas constitucionales para clarificar atribuciones y formas de ejercerlas en temas como el de la elección de magistrados es un buen ejemplo de que cualquier especie de ambigüedad es vivero de problemas y conflictos.</p><p>Esta también debería ser una buena enseñanza para las fuerzas políticas, que en tantos sentidos siguen inmersas en sus propias ambigüedades, de las que pareciera que tienen un gran temor atávico a despojarse. La ciudadanía, por su parte, quiere nitidez y honradez en todas las actitudes y movimientos de aquellos que la representan o que gestionan la representación, como es el caso de los partidos políticos. Ir en todo esto en la dirección correcta es verdaderamente clave para que nuestro proceso, tanto político como jurídico y de desarrollo, se mantenga en los carriles y en el ritmo deseados.</p><p>Esperamos que este primer impulso hacia una salida constructiva y saludable de la situación crítica que hoy impera en el ambiente estimule, de inmediato, acciones que no sólo resuelvan puntos muy concretos sino que sienten bases para no recaer en nada parecido.</p>

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