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Empoderar a los jóvenes para transformar el país

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Alberto Arene / Economista/analista

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El "Informe de Desarrollo Humano 2018 ¡Soy Joven! ¿Y Ahora Qué?" presentado este día por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) está dedicado a los jóvenes. Si la mayor riqueza de El Salvador es su gente, para aprovecharla se debe empoderar a los jóvenes entre 15 y 29 años de edad que representan al 30 % de la población. El Informe apuesta por el empoderamiento de las juventudes como motor de las transformaciones que El Salvador necesita, que requiere del acompañamiento de las generaciones mayores. Este es un imperativo en los próximos 15 años que tendremos el Bono Demográfico, en que el número de personas en edad potencialmente productiva será superior a la población dependiente o inactiva.

El Salvador muestra un avance significativo en desarrollo humano (0.529 en 1990, 0.680 en 2015) que ha beneficiado a la juventud que tienen un IDH 32.1 % mayor que las personas adultas, principalmente por las mejoras en educación. Pero la juventud rural tiene un IDH 5.1 % menor que la urbana, una inserción laboral más precaria de 2.7 años (14 vs. 16.7), un subempleo 8.4 puntos mayor (49.7 % vs. 41.3 %), 2.3 años menos de escolaridad (10.5 vs. 8.2 años), un ingreso mensual 0.76 veces menor, y 0.87 veces el ingreso de gente adulta en el área rural.

La tasa de homicidios de jóvenes por cada 100,000 habitantes aumentó de 114.9 en 2010 a 165.2 en 2015, y descendió a 105.9 en 2017, siendo 53.4 % mayor que la de la población adulta en el periodo 2007-2017. De los 4,913 homicidios de mujeres, el 62 % ocurrió entre 2011 y 2017, y en el 44 % de los casos, las víctimas fueron mujeres jóvenes entre los 15 y 29 años. Con más de 17,000 casos de violencia sexual entre 2015 y 2017, y 21,400 niñas y adolescentes embarazadas en 2016, los embarazos adolescentes entre 2012 y 2016 llegaron a 121,456.

Los jóvenes son también los más involucrados como victimarios en hechos delictivos. En 2013-2015, la participación de una persona entre 18 y 30 años ocurrió en el 51.1 % de los casos de extorsión, homicidio, hurto, robo, tenencia-portación o conducción de arma de fuego, violación o agresión sexual. Entre 2012 y 2016, un estimado de 5 de cada 10 personas privadas de libertad en un centro penal eran jóvenes entre 18 y 29 años de edad.

No obstante, la juventud salvadoreña muestra una gran capacidad de resiliencia humana (4.37, conforme a la escala de 1 a 5), entendida como el conjunto de capacidades que le permite a las personas lidiar, enfrentar y sobreponerse a las adversidades, sin comprometer sus derechos y sus opciones actuales y futuras de desarrollo.

Sobre los jóvenes en conflicto con la ley, este Informe considera que la transformación humana es posible y, por lo tanto, que es posible activar trayectorias resilientes en quienes han cometido delito; que el Estado y la sociedad tienen un rol fundamental en la generación de las condiciones para que la reinserción sea posible; y que existen oportunidades para que el sistema de justicia penal contribuya a la rehabilitación y orientación de trayectorias resilientes. Entre las principales líneas de acción resaltan:

1. Mejorar el acceso a una educación de calidad. La propuesta del Consejo Nacional de Educación (CONED), formulada en el Plan El Salvador Educado, estimó que para lograr el 70 % de cobertura en educación media en 10 años (2016-2026), se requiere de un esfuerzo sistemático de abrir 24,000 plazas por año durante ese decenio, a un costo promedio anual de $203.89 millones.

2. Una inserción efectiva que les permita acceso a trabajos decentes, sin desigualdades ni violencia. En 2017, el 61.1 % de la juventud que forma parte de la PEA estaba subempleado y el 49.1 % de las personas jóvenes entre 18 y 29 años no ha finalizado su educación media, requisito para la contratación en el contexto laboral actual. Existe una brecha entre las habilidades que son buscadas por los empleadores y consideradas prioritarias o esenciales, y las que perciben que las personas jóvenes poseen.

3. Colaboración Intergeneracional. Para garantizar el empoderamiento de los hombres y mujeres jóvenes, es necesario romper con las "relaciones jerárquicas intergeneracionales" en las que son las personas adultas las que todavía dominan el mundo de la participación social, ciudadana y política. Es necesario pasar a una participación efectiva en la que la gente joven y la adulta comparten decisiones y responsabilidades sin distinciones de sexo o edad.

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