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Emprendedores políticos

Al hablar de política nos afrontamos a una interesante polisemia, este concepto puede tener tres definiciones, puede expresar estructuras, procesos o resultados –o como entienden las teorías anglosajonas polity, politics & policy–, en este caso discutamos un poco sobre la política como proceso.
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Miembro de Censura CeroLa situación actual del desarrollo de la política en El Salvador se encuentra en un estado intermedio. Donde coexisten elecciones libres y transparentes –esperando que 2018 y 2019 no sean la excepción–, un nivel creciente de contraloría ciudadana y un bajo nivel de compromiso a la rendición de cuentas y gestión enfocada a resultados por parte de los servidores públicos.

Así se configura un régimen político híbrido –citando a Artiga-González–, donde existen canales democráticos para llegar a los cargos públicos pero que una vez en ellos se ejerce el poder de forma autoritaria. Estructurando la contienda política en un elitismo competitivo, donde las elecciones juegan un papel central para dirimir la disputa por el control de los recursos por parte de las dirigencias partidarias, pero donde es muy difícil sancionarlas por el abuso o mal uso de los recursos.

Pero este contexto crea la oportunidad para generar una “destrucción creativa”, existiendo una tensión, entre la preponderancia que tienen los líderes innovadores y la estabilidad que generan los procesos de emprendimiento institucional. Pues no basta con elementos materiales para que surjan transformaciones, es también necesario liderazgos con la capacidad de proponer nuevas instituciones y la legitimidad de la población al entender que la renovación es necesaria.

Ya iniciamos este punto de inflexión, donde diversos emprendedores políticos están asumiendo responsabilidades. Los aspirantes a candidatos no partidarios ofreciendo una opción política independiente de los actuales partidos políticos; dos políticos con buena legitimidad –lo cual debemos reconocer por lo inusual que esto es actualmente– construyendo movimientos políticos/ciudadanos; y candidatos con perfiles desviantes dentro de los principales partidos políticos.

Cada uno con desafíos, por ejemplo, el reto de crear una plataforma que brinde continuidad y estabilidad en el primer caso; la transformación del capital político personal en una iniciativa colectiva en el segundo; y la contienda interna entre miembros que se están beneficiando del statu quo y los pocos –todavía– que quieren generar transformaciones estructurales en el tercero.

Como podemos observar, ninguno de los espacios muestra un contexto, lo importante como ciudadanos sin importar el espacio que elijamos, es reconocer que todos afrontan desafíos y que debemos construir juntos formas de superarlos.

Finalmente, todos tenemos un rol importante como emprendedores en este proceso de innovación política que está viviendo nuestro régimen democrático, y ojalá no solo seamos sujetos sino actores responsables dentro del mismo.

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