Lo más visto

En 2018 los retos electorales estarán en la primera línea del quehacer nacional

Pongamos entonces en primera línea una cuestión que se ha ido dejando al margen, pese a las declaraciones constantes referidas a ella: es el tema crucial del crecimiento económico nacional, de cuyo desempeño efectivo y suficiente depende casi todo lo demás.
Enlace copiado
Enlace copiado
Estamos dando los primeros pasos en el ámbito temporal de 2018, y eso indica que la atmósfera en la que vamos a ubicarnos de aquí en adelante será la que corresponde a los desafíos que están ya en acción, el principal de los cuales es de naturaleza electoral. El 4 de marzo de 2018 y el 3 de febrero de 2019 son fechas decisivas en nuestro calendario evolutivo, porque lo que resulte de las urnas en ambas fechas determinará los balances de poder de cara al futuro inmediato. Aunque por la misma lógica del devenir democrático cada elección trae lo suyo en lo que se refiere a resultados y a expectativas, hay momentos en que la trascendencia de las decisiones se vuelve aún más notoria, y este evidentemente es uno de esos momentos por el estado en que se encuentra la problemática nacional y por los requerimientos de creatividad y de responsabilidad que se vienen agudizando en los tiempos más recientes.
Los salvadoreños tenemos que ser más cuidadosos y más reflexivos que nunca a la hora de dar a conocer nuestra decisión en las urnas, porque es vital que la configuración de fuerzas en la nueva legislatura favorezca la gobernabilidad sin necesidad de acudir a artificios numéricos y porque en lo que a la conducción política superior se refiere es básico que pueda haber suficiente garantía de que la persona elegida sea idónea en todo sentido para la compleja y ardua labor que le tocará desempeñar a lo largo del próximo quinquenio.
Pero el hecho de que lo electoral tenga tanto protagonismo en esta coyuntura inmediata no debe hacer que se dejen de lado otros retos esenciales para la viabilidad del país, de su proceso y de las tareas que están en juego. Pongamos entonces en primera línea una cuestión que se ha ido dejando al margen, pese a las declaraciones constantes referidas a ella: es el tema crucial del crecimiento económico nacional, de cuyo desempeño efectivo y suficiente depende casi todo lo demás. Los salvadoreños de todas las condiciones y de todos los niveles deberíamos hacer en este preciso momento una especie de pacto virtuoso para relanzar la visión de país, que conlleve el compromiso de rescatar del letargo todas nuestras energías en función del progreso y de la prosperidad verdaderamente sustentados.
Preparémonos para potenciar lo mejor de aquí en adelante. Esa debería ser la consigna prioritaria en este año que se está iniciando y en los años que vendrán después. Aunque muchas de las condiciones imperantes son adversas, las posibilidades de hacer entrar al país por una senda de desarrollo en el más amplio sentido del término nunca han dejado de existir, y a eso hay que apostarle sin reservas ni evasivas de ninguna índole.
No dejemos que la desesperanza, el desencanto y la frustración se conviertan en otra forma de organización destructiva como la que la que persiste en el ambiente por el accionar del crimen organizado. El Salvador tiene que recuperar su protagonismo propio, y eso está en manos de todos los salvadoreños, muy en especial de los que ejercen liderazgos públicos de cualquier índole. 2018 tendría que volverse un parteaguas en ese sentido.
Emprendamos, pues, con voluntad puesta en ruta, el trayecto del año presente, desechando la tentación de seguir viendo hacia atrás cuando en lo que sigue hay tanto trabajo por hacer. Animémonos a recuperar nuestra vocación de destino.
 

Lee también

Comentarios