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En el Día del Trabajo

El primero de mayo se celebra en muchos países el Día Internacional del Trabajo. Hace algún tiempo, el Papa Francisco se refería a este tema: “En el evangelio de san Mateo, en uno de los momentos que Jesús regresa a su pueblo, a Nazaret, y habla en la sinagoga, se pone de relieve el estupor de sus conciudadanos por su sabiduría, y la pregunta que se plantean: ¿No es el hijo del carpintero?”
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Rutilio Silvestri / rsilvestrir@gmail.com  /  Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Jesús entra en nuestra historia, viene en medio de nosotros, naciendo de María por obra de Dios, como un hombre más, pero con la presencia de san José, el padre legal que lo protege y le enseña también su trabajo.
Jesús nace y vive en una familia, en la Sagrada Familia, aprendiendo de san José el oficio de carpintero, en el taller de Nazaret, compartiendo con él el trabajo, la fatiga, la satisfacción y también las dificultades de cada día.
Esto nos remite a la dignidad y a la importancia del trabajo. El libro del Génesis narra que Dios creó al hombre y a la mujer confiándoles la tarea de llenar la tierra y dominarla, lo que no significa explotarla, sino cultivarla y protegerla, cuidar de ella con el propio trabajo.
El trabajo forma parte del plan de amor de Dios; nosotros estamos llamados a cultivar y custodiar todos los bienes de la creación, y de este modo participamos en la obra de la creación, que Dios realiza continuamente en el mundo.
El trabajo es un elemento fundamental para la dignidad de una persona. El trabajo, «unge» de dignidad, nos colma de dignidad; nos hace semejantes a Dios, que trabajó y trabaja, actúa siempre; da la capacidad de mantenerse a sí mismo, a la propia familia, y contribuir al crecimiento de la propia nación.
Pensemos en las dificultades que, en varios países, encuentra el mundo del trabajo y de la empresa; cuántos, y no solo los jóvenes, están desempleados, muchas veces por causa de una concepción economicista de la sociedad, que busca el beneficio egoísta, al margen de los parámetros de la justicia social y de la Doctrina de la Iglesia.
Esforcémonos por dar nuevo empuje al trabajo; esto significa preocuparse por la dignidad de la persona; pero sobre todo que no se pierda la esperanza. También san José tuvo momentos difíciles, pero nunca perdió la confianza y supo superarlos, en la certeza de que Dios no nos abandona.
Sobre todo, los jóvenes deben comprometerse en su deber cotidiano, en el estudio, en el trabajo, en las relaciones de amistad, en la ayuda hacia los demás. Su futuro depende también del modo en el que sepan vivir estos preciosos años de la vida.
Pero hay algo que podríamos llamar «trabajo esclavo», el trabajo que esclaviza. Cuántas personas, en todo el mundo, son víctimas de este tipo de esclavitud, en la que es la persona quien sirve al trabajo, mientras que debe ser el trabajo quien ofrezca un servicio a la persona. Exigen a sus empleados unos horarios que obstaculizan el descanso o descuidan el tiempo que deben dedicar a su familia.
Pidamos a san José que nos enseñe a ser buenos trabajadores: ofrezcamos a Dios nuestro trabajo y nos santifiquemos.
 

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